viernes, 13 de febrero de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA" - 14 DE FEBRERO 2015

“Cuando ustedes digan «sí», 
que sea sí, y cuando digan «no», que sea no.
Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
(Mt 5, 37)


«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados… Pero yo les digo…»1. “Ustedes han oído, pero yo les digo” no es de puro contraste. Jesús no ha venido a abolir, sino a darle cumplimiento. El ideal religioso de los hebreros devotos consistía en el observar la ley. A una práctica demasiado formal y vacía, que se conforma con hacer sórdidamente sólo cuanto es prescrito por la ley, Jesús contrapone su ley, cuya medida es el amor. Un amor que es gratuidad, libertad, generosidad.

1 Mt 5, 21-22.27-28. 31-32.33-34.38-39. 43-44.
2 El Talmud es un texto sagrado del Judaísmo.
v. 37: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
Que nuestro hablar sea sí si es sí, no si es no. En el medio puede estar solo "el no sé", pero no como “astucia o viveza???” o pereza, sino como silencio de caridad o búsqueda de la verdad. En el Talmud2 leemos: «enseña a tu lengua a decir “no se”... para que no seas tenido por mentiroso». Qué lindo poder decir, en el momento oportuno, “no se” para evitar hablar con demasiada seguridad de las cosas que no nos pertenecen o que apenas conocemos.

La boca debe expresar lo que hay en el corazón, sin doblez, sin falsedad. Jesús a sus discípulos les desea y los invita a un lenguaje de franqueza, no de diplomacia, no de conveniencia. Jesús enseña el amor incondicionado a la verdad: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no…” Jesús desea una transparencia tal hacia el otro que basta mi palabra para hacerlo sentir seguro, una confianza ilimitada entre nosotros que cuando digo "sí" es sí y tú puedes contar con nosotros.

Padre Kolbe, un hombre de verdad, de rectitud, no duda de comprometerse, aunque ponga en juego su propia vida, basta con recordar lo que responde a quien quería ponerlo de su parte a cambio de la vida: “Soy y seguiré siendo polaco”. Como diciendo: No habrá nadie que me haga cambiar de idea, cueste lo que cueste.

Padre Kolbe no conoce los términos de corresponsabilidad y de diversidad, pero los vive en su propia vida. Un hombre entero, no mira de frente a ninguno y en sus elecciones no piensa en los beneficios que puede tener para sí o en su reputación. En un encuentro comunitario en Niepokalanów, un fraile lo contradice abiertamente. Después del encuentro el padre Maximiliano lo llama y le dice: “No le tengo miedo a los perros que ladran... te elijo como mi secretario personal”.
“Parecía que el padre Maximiliano actuaba por inspiración divina. Esto facilitaba el sí o el no a sus frailes”. Él no está enfermo de eficientismo, sino que piensa siempre en el bien del otro. Un día lo llaman porque una máquina se rompió, había gran humo, el trabajo se suspendió y él busca al fraile responsable de lo que pasó, se le acerca y le pregunta: “¿estás bien? ¿Te hiciste daño?”
Un sí libre puede ser dicho solo por personas libres. Libres y desprendidas del poder de las creaturas, libres y desprendidas del poder de las cosas. Algunos testimonios nos cuentan:

“El padre Maximiliano no tenía “personas predilectas”, porque cada uno es hijo predilecto de Dios que da a cada persona una dignidad muy grande”.
Padre Maximiliano tiene la capacidad de decir con el ejemplo de su propia vida si y no en el momento justo, porque es una persona que tiene un corazón indiviso, que está delante de Dios, todo entregado al servicio de Dios. Es un hombre que hizo una elección sin compromiso por la causa de Dios y por Dios arde de pasión y como consecuencia, “Lo que decía con su boca era una hablar transparente. Venía de la plenitud de su corazón”.

ü  Es necesario renunciar constantemente a todos los privilegios para estar en comunión con los otros, porque sólo un sí libre de beneficios, de privilegios, nos pone en relación con los demás y no nos separa.
ü  Estamos llamados a decir un sí de verdad, de libertad, de transparencia y de consecuencia un no para hacer elecciones que requieren un gran coraje y por todas las injusticias grandes o chicas que cometemos también nosotros.
ü  Estamos llamados a introducir en el ambiente palabras de sentido, a purificarlo de palabras que lo contaminan.

¡Qué revolución! ¡Qué profecía!
Angela Esposito
por la comunidad


miércoles, 11 de febrero de 2015

N. SEÑORA DE LOURDES - JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015

Sapientia cordis.
«Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies»
(Jb 29,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.
El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.
1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.
2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos  que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28). Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.
4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la absoluta prioridad de la “salida de sí hacia el otro” como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).
5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf. Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).
También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.
6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.
Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón.
Acompaño esta súplica por todos vosotros con la Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de diciembre de 2014
Memorial de San Francisco Javier
FRANCISCUS

viernes, 9 de enero de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE ENERO

¡Un deseo de... silencio!

Al inicio de un nuevo año es frecuente saludarse, intercambiar saludos, deseándose la paz, bendiciones, prosperidad. Llegamos a ustedes desde Polonia con un deseo de… Silencio! Un deseo que tomamos de la Palabra de Dios que le dice a Elías y a cada uno de nosotros: “El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor». Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto…” (I Re 19,11-13).

Los fenómenos naturales, ruidosos, presentes en el Sinaí, aparecen también aquí, pero el texto subraya que “el Señor no está allí”. Solo cuando siente una voz muy silenciosa, Elías reconoce la presencia del Señor. El silencio revela a Dios en la pequeñez. Un Dios misterioso, nunca igual a sí mismo. Los signos de la presencia de Dios no son más aterradores. El Profeta debe ser capaz de reconocer el paso del Señor en la escucha de la voz del silencio. Aprender a reconocer a Dios allí donde parece que está ausente. No es siempre necesario pasar del fuego al viento, del viento a la tormenta, también la banalidad de la vida cotidiana es lugar privilegiado de la presencia de Dios. Escuchar lo que el silencio dice.

Voz de silencio débil, es la voz del Padre Kolbe que invita a conservar la paz interior, independientemente de los acontecimientos de la vida, porque “en medio de la tempestad, ya sea exterior o interior, es necesario mucha, muchísima tranquilidad”1. “Durante el Capitulo Provincial del año 1936, el padre Buenaventura se pronunció ásperamente  y en un modo agresivo contra las prácticas de la vida conventual en Niepokalanów. Amenazaba una áspera discusión entre los defensores y los adversarios. La tensión era mucha. El padre Maximiliano mantuvo el equilibrio y una calma totalmente heroica, a pesar de que esas cuestiones  lo atacaban directamente a su persona. Él no elevó la voz en su defensa, simplemente repetía: “Será como la Inmaculada quiera”2  “Estaba lleno de cordialidad hacia sus Hermanos Frailes que le provocaban sufrimientos, tal vez involuntariamente. Hablándome de las dificultades que había tenido con el Padre Costanzo en Nagasaki, me dijo: “Rezo a fin de que la Inmaculada convierta todo para un bien.

El padre Kolbe repetía con frecuencia una frase de San Juan de la Cruz: “Trata de que nada te dé fastidio y no te dejes fastidiar por nada. Olvídate de todo y recógete más bien en la intimidad con tu Dios. A veces, nos dicen los que lo conocieron: el padre Kolbe, en los encuentros con los frailes, dona sólo un servicio de escucha.
Con su silencio “casi los obliga”, a bajar a un nivel más profundo, y los reconduce a relativizar  sus acciones para dedicarse al verdadero camino, propio de cada creyente, de cada consagrado, el camino del amor. A ellos le dirige, desde el corazón, una profunda invitación: “Pongamos en Ella nuestra confianza, oremos y vayamos adelante en la vida con tranquilidad y serenidad”4. “La actividad exterior es buena pero, evidentemente, es de importancia secundaria y aun menos en comparación con la vida de nuestro personal amor a Dios”5.

Es en el silencio interior que el alma se purifica y puede renacer. “En el vientre de María el alma debe renacer según la forma de Jesucrito”6. Recomienda a menudo el silencio7. Y se amarga cuando el mismo no logra vivirlo plenamente8. En el silencio y con paciencia recibe las críticas, acusaciones, traiciones. ¿Todo es natural para él?  ¡No todo lo contrario! “Era de carácter fuerte, por naturaleza y calmo, por virtud” para escuchar una voz silenciosa débil y ver la presencia de Dios que se esconde en los pliegues torcidos  y  retorcidos de la vida.

En la “Babel” de nuestro tiempo ensordecedor nadie escucha a nadie. “Ninguno tiene tiempo de escucharte, ni siquiera aquellos que te aman y serían capaces de morir por vos”, afirma con frialdad un personaje de un famoso romance: “Mi corazón escucha” de Taylor Caldwell. El padre Kolbe dona tiempo, todo el tiempo necesario para escuchar a cada hermano fraile y goza cuando vislumbra en el rostro de la persona de quien se ha hecho prójimo, con la escucha y la acogida, una luz tenue de serenidad para retomar juntos el camino de la confianza y de la ternura.


Buen año con María, la Virgen de la escucha y del silencio.

por la comunità
Angela Esposito, mpk


miércoles, 24 de diciembre de 2014

FELICES FIESTAS

HA NACIDO UN NIÑO... HA NACIDO DIOS...


"He adorado el misterio del Verbo que se hizo carne, que había florecido en el seno de una Virgen en un portal de pastores porque no había lugar para ellos en la posada..." (P. Luis Faccenda).

FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO LLENO DE 
BENDICIONES! 

Les desean las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe.


domingo, 14 de diciembre de 2014

LA CELDA DEL AMOR SIEMPRE ABIERTA - 14 DE DICIEMBRE 2014

 “… Envió a su Hijo, nacido de una mujer…”.


Nos ponemos a la escucha de las Escrituras para poder conocer el verdadero rostro de Dios. Un  Dios que viene a nosotros. Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer…” (Gal 4,4). Si en el Antiguo Testamento Dios llenó el tiempo con su obra de salvación, Él, con Jesús, llenó el tiempo de sí mismo. La encarnación marca la plenitud de los tiempos, no en el sentido de que el tiempo ha madurado, se ha hecho pleno y ha causado el envío del Hijo, sino todo lo contrario, como dice Lutero, "es el envío del Hijo el que lleva al tiempo a la plenitud". Cristo "en el que reside toda la plenitud" (Col 1,19) llena con su presencia nuestro tiempo, y "de su plenitud todos hemos recibido, gracia sobre gracia” (Jn 1,16). El movimiento de la gracia es de arriba hacia abajo. “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer…”. En la Biblia, como también en los himnos de Qumrán, la expresión “nacido de una mujer” indica fragilidad y caducidad. Es esta vida frágil y mortal que el Hijo de Dios asume y desposa. “Nacido de una mujer”: “la mujer que no puede tocar el rollo de la Palabra de Dios, dará a luz a la Palabra de Dios que se hará carne."[1]

En la plenitud del tiempo Dios se dirige a María de Nazaret: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo... Concebirás y darás a luz un hijo,… Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí” (Lc 1, 26-38). El ángel se dirige a la joven con un nombre personal, “su nombre era María”, llamándola “llena de gracia”. En griego la expresión: “alégrate, llena de gracia” es un “pasivo divino”, la acción la hace Dios, y significa: tú eres amada por Dios y para siempre. El ángel llama a María con un nombre nuevo, con el cual Dios la pensó desde la eternidad. Su nombre es Amada. Finalmente, la mujer llamada por nombre dice su “sí”, “Hágase en mí”.

La respuesta de María es una total entrega de sí misma. La Virgen se hace “seno acogedor”. Jesús viene e inaugura la nueva creación. La nueva creación es inaugurada por Hijo de Dios en el seno de María. Una nueva relación, ya no basada en la ley, sino en la acogida de su amor gratuito anunciado a María, la amada, por toda la humanidad. Antes de ser llamada para dar algo a Dios, la Virgen es llama a recibir un don de Dios. A recibirlo a él mismo. No importa si la llevará a darlo a luz en un establo, ella continuará confiando en Él y así podrá escuchar el canto de los ángeles que anunciaron los pastores. María vive y camina con la presencia de Dios dentro de ella. Rumia en la reflexión interior todas las palabras y los acontecimientos que acompañan el Nacimiento y toda su existencia. “Hágase”, un sí que repetirá cada día de su vida.

Sí, es la palabra de los enamorados, de los “locos”, como loco era llamado el padre Kolbe. El “loco de la Inmaculada”, se convierte en el loco del Señor.
Sí, dice el padre Kolbe para fundar la Milicia de la Inmaculada y llevar a Jesús, “nacido de una mujer”, al corazón del mundo.
Sí, repite cuando comienza la actividad editorial en Polonia.
Sí, para fundar y animar la ciudad de la Inmaculada.
Sí, dice una vez más y por última vez en el campo de Auschwitz, para que no maten al ser humano porque está hecho para un amor más grande.”[2]
Sí, para que el ser humano no se crea que Dios no existe o que si existe no le importen las personas. ¡Dios es amor! Y el campo se iluminó. Se vistió de luz. Y Dios se apuró a renacer en los corazones desanimados y desconfiados de los hombres y de las mujeres detrás de un alambre de púas. El alambre se rompió y se vislumbró una rosa, símbolo de amor,  signo visible del corazón que se entrega sólo a Dios, a su amor gratuito y para siempre! Y aquellos hombres y mujeres, que dirigiéndose hacia el rostro de Dios, sintiéndose mirados, se sintieron llamados por su verdadero nombre: Tú eres amado por mí, tú eres amada por mí. La luz los envolvió y una nueva palabra se abrió camino en las tinieblas: “Hoy, nos ha nacido un Salvador”.  

Si nos fiáramos de Dios y de su Palabra, también en los corazones de los hombres y las mujeres de este nuevo milenio, se rompería el alambre de púas de los deseos del dejarse estar porque "total ya no hay nada más que hacer". Se rompería el alambre de púas del resentimiento, del rencor, del odio que, como un pulpo con sus tentáculos de muerte, nos envuelve y nos ahoga. Y podríamos escuchar la palabra verdadera de Dios para nosotros, la palabra del amor, entregada a María desde siempre.
Un Niño, “nacido de una mujer”, cambia la historia. Un número, 16670[3], entre millones de otros números, ilumina la noche oscura del campo de Auschwitz. En la noche de Navidad, en la noche de todos los tiempos Dios irrumpe en el corazón del mundo y el tiempo se “llena”, se plenifica. Nace el amor.
Todos nosotros somos hombres y mujeres de este mundo “terrible y magnifico”[4] somos destinatarios del amor de Dios. Amados, nos ponemos en marcha por los caminos de la vida para contar la novedad que trae el Niño de Belén: ¡Dios te ama!

por la comunidad
Angela Esposito


[1] P. Alberto Maggi.
[2] Juan Pablo II
[3] Número de prisionero del padre Kolbe
[4] Pablo VI


jueves, 13 de noviembre de 2014

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE NOVIEMBRE 2014

 ¡Lázaro, ven afuera!... tomo su lugar”.

En este mes de noviembre, dedicado a la conmemoración de nuestros queridos difuntos, meditamos, a partir del evangelio, el sentido de la vida eterna que es la vida vivida en Dios. En el Evangelio de Juan leemos: “Lázaro ha muerto” dice Jesús a sus discípulos… “Vayamos a verlo”… Marta… salió a su encuentro y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto…”… “Tu hermano resucitará… Yo soy la Resurrección y la Vida.”… “Jesús lloró.” Éste es el único versículo en todo el evangelio que habla del llanto de Jesús. El llanto de Jesús, que rendiría mejor la expresión “derramó lágrimas”, o sea “lloró amargamente”. Jesús por la muerte de su amigo derramó lágrimas, “lloró amargamente”. Frente a la muerte, Jesús, siente una profunda turbación (v. 33: conmovido y turbado). Nuestro mal lo turba profundamente, más que si fuese suyo: lo trastornará a tal punto de tomar el lugar de Lázaro. De morir por cada uno de nosotros. Se deja “conmover, sacudir en su ser” por el dolor de las hermanas de Lázaro… y gritó fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. Dios llora y grita. Un Jesús muy humano, un hombre como nosotros, que llora frente a la muerte de su amigo. Y junto a Dios, por nosotros, grita fuertemente para vencer el último enemigo, la muerte. Lázaro puede “salir” porque Cristo está entrando en la tumba: “entonces los sumos sacerdotes y los fariseos… decidieron matarlo”[1]. Un antiguo dicho según la mentalidad del pecado y de la muerte, decía: muerte tuya, vida mía. En esta situación se invierte: muerte mía, vida tuya.
Desde aquel día, del 14 de nisa del año 30 d.C. no podemos decir más, cuando estemos cerca de la hora de la muerte: “Señor, si hubieras estado aquí”. Porque el Señor Jesús está siempre aquí: no tiene que venir, porque nunca se ha ido y nunca nos va a dejar, porque él ha prometido que estará con nosotros todos los días. Nunca ha dejado de amarnos, está llorando con nosotros. Ha comenzado a resucitar.

El padre Kolbe, como todos, le tiene miedo a la muerte, pero se entrega con fe y abandono. Vence la muerte donando su vida. Escuchando el llanto de un condenado a muerte, se turba profundamente, que le pide al comandante del campo: “tomo su lugar”. “muerte mía, vida tuya” no es el desprecio del mundo, ni el desprecio del cuerpo. Es una donación de sí que contrarresta a la locura de los nazis. Contrarresta el mal del mundo.  Lo asume sobre sí, destruyéndolo en el fuego del amor. Juan Pablo II, en su primer viaje a Polonia, dirá en Auschwitz[2]: Maximiliano Kolbe alcanzó una victoria similar a la de Cristo mismo, a través de la fe y el amor... Obtuvo la más ardua victoria, la del amor capaz de perdonar y de olvidar”. Lo proclamó “ministro de la vida” en Niepokalanów[3], y “ministro de la muerte” en Auschwitz. San Maximiliano es ministro de la existencia porque cree que “la muerte no se improvisa. Se merece con toda la vida”. El domingo 16 de febrero, el día antes de su arresto, padre Maximiliano les dictó una meditación a sus frailes. Entre los puntos trató, el amor al prójimo y el perdón recíproco. “... Gracias al amor por la Inmaculada, soy capaz de perdonar siempre y completamente. Cuando el amor por la Inmaculada termina, desaparece también nuestro amor recíproco. La Inmaculada quiere que conservemos la armonía del amor. Queridos hijos, si en esta tierra vivimos en el amor, estamos ya pregustando el cielo. Todo pasará, pero el amor permanece para siempre. Con el amor entraremos en la vida eterna, y en el cielo, en la presencia de la Inmaculada, el amor será purificado y llevado al grado más alto. Al día siguiente, lunes 17 de febrero, dejando el convento de Niepokalanów para ser deportado, les hace una sola recomendación a sus frailes: “en cualquier lugar donde vayan no olviden el amor”. El amor es el respiro de su vida. Ha comprendido lo esencial: el amor es más fuerte de la muerte[4]. Con esta visión de vida podemos cantar: “aquella paz y felicidad que nos llenará en el momento de la muerte el pensamiento de que habremos trabajado y sufrido mucho por la Inmaculada.”[5]
¡Qué gracia poder decir también nosotros, sobre nuestro lecho de muerte, estas mismas palabras y lo que el padre Kolbe le confió a Rodolfo Diem, médico de Auschwitz: “He pedido de poder amar a todos sin límites, he consagrado mi vida para hacer el bien a todos los hombres”.
¡Qué la vida de cada uno de nosotros sea un himno al amor! ¿Y la muerte? Un abrazo con el Rostro siempre buscado, siempre deseado y por fin encontrado.


Angela Esposito
por la comunidad



[1] Jn 11, 11-52
[2] 7 de junio 1979
[3] 18 de junio 1983
[4] Cf. Ct 8,6
[5] EK 1159

viernes, 10 de octubre de 2014

CELDA DEL AMOR - 14 DE OCTUBRE 2014

Padre Kolbe, el misionero 
“en salida”. Una vida en salida

El centro de nuestra reflexión para este mes misionero, es el Mensaje para la Jornada mundial de las misiones del Papa Francisco. Recordamos juntos algunos pasajes más sobresalientes. El Papa nos invita a “salir hacia la humanidad”.... Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. La iglesia es misionera por naturaleza: la iglesia ha nacido “en salida”… Quisiera ofrecer una imagen bíblica, que encontramos en el Evangelio de Lucas (cf.10,21-23). El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera[1]. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.” (EG 1)

Padre Kolbe es un misionero ardiente, apasionado de Dios y del ser humano. Considera el apostolado, no como una cuestión de táctica organizativa, sino como reflejo de la riqueza de gracia de un corazón conquistado por Dios mediante el ofrecimiento de sí a la Inmaculada. Dirá que “el apostolado es una obra sublime, muy sublime, es una colaboración (si se puede expresar así) con Dios mismo en la obra de perfección, de santificación y de hacer felices a los hombres.”[2] Por este motivo da inicio a la Milicia de la Inmaculada[3], Asociación eclesial: a la que pueden pertenecer todos: consagrados y laicos.

Como la Iglesia, también la Milicia de la Inmaculada nació “en salida”. ‹Se llama “Milicia” porque aquellos que se consagran a la Inmaculada... desean conquistar para la Inmaculada, lo más pronto posible, el mundo entero y cada una de las almas sin excepción. ›[4]
Padre Kolbe es el misionero siempre en “salida” desde el momento de la formación. Su salud es frágil, tiene tuberculosis. No se puede quedar tranquilo adentro del convento, se siente quemar por la pasión por el Reino de Dios y quiere conquistar todo el mundo a la Inmaculada. En 1925, en un artículo de su revista, define el perfil del misionero: “este no reduce su corazón sólo a sí mismo y a su familia, a los parientes y vecinos, a los amigos, a los compatriotas, sino que abraza junto con ellos al mundo entero, a todos y a cada uno, ya que todos los redimidos por la Sangre de Jesús, sin ninguna excepción, son nuestros hermanos.”[5]

Es el hombre del éxodo. Solo después de tres años de la Fundación de Niepokalanów parte en misión porque, como el mismo dirá: “Mi mirada es atraída hacia nuevos horizontes”[6] y con cuatro frailes se aventuran hacia el oriente. El celo misionero del padre Kolbe es asombroso: sus confines son el mundo entero. El pobre de los pobres dio empuje a la “globalización” de los pobres. Naturalmente el padre Kolbe no conoce el término “globalización”, pero de hecho lo concreta en el sentido que quiere llegar a todos para llevarles la Buena Noticia.

Es atraído por vocación al “siempre más”, al “siempre mejor” porque la alegría del Evangelio alcance hasta los confines de la tierra. Al respecto tiene una expresión muy linda: “No mañana, ni siquiera esta noche, sino ahora. No poco, sino mucho. No una sola región sino el mundo entero”, porque “cuando el fuego del amor se inflama, no encuentra sitio en el corazón, sino que se propaga fuera de él, enciende, devora, absorbe, otros corazones. Conquista cada vez más almas para su ideal, para la Inmaculada”[7] y esto lo más pronto posible, lo más pronto posible.
“Lo más pronto posible” es una expresión que está muy presente en el vocabulario misionero del padre Kolbe. “Lo más pronto” y “en salida” para estar dentro de los problemas de la gente. Para anunciar un Dios enamorado del ser humano.

En camino, sin parar, hasta el fin de su vida, cuando sale de la fila para ofrecer su vida en lugar de un padre de familia. En salida hacia el Bunker de la muerte para acompañar a sus compañeros a morir con dignidad, cantando las alabanzas de Dios, rezando y suplicando el perdón para sus verdugos. En salida para entrar y sumergirse en los abismos del infierno de Auschwitz. En los abismos del odio.  

 “Murió un hombre y se salvó la humanidad”[8]: Nos alegramos por este testimonio de amor que hizo brillar la fuerza del evangelio en las tinieblas del mal. Cantamos con María nuestro Magnifcat por llevar la alegría del Evangelio. Que ninguna periferia sea privada de su luz. Que todos entren en este río de alegría!

Angela Esposito



[1] Mensaje del Papa Francisco para la jornada mundial de las misiones. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/missions/documents/papa-francesco_20140608_giornata-missionaria2014.html
[2] EK 1071
[3] Asociación  de fieles,  publica e internacional, de derecho pontificio, aprobada el 16 octubre 1997.

[4] EK 1327
[5] EK 1088
[6] EK 503
[7] EK 1325.
[8] Juan Pablo II en Auschwitz, junio 1979.