martes, 14 de abril de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA" - 14 DE ABRIL 2015

PADRE KOLBE, TESTIMONIO DE ALEGRÍA


La palabra “alegría” en la Biblia aparece 225 veces en el Antiguo Testamento y 72 veces en el Nuevo Testamento, lo que constituye para nosotros un mensaje especial.
Ojeamos juntos el Antiguo y Nuevo Testamento para recoger las perlas que se nos regalan para nuestra alegría: “Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios” (Is 61,10); “has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino” (Sal 4,8); “Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos” (Sal 100,2).
¿Pero cuáles son los motivos de alegría para el pueblo de Israel? Dios ama a su pueblo “con un amor eterno” (Jer 31,3), con un amor “fuerte como la muerte” (Ct 8,6), con un amor tiernísimo como el de la madre con su pequeño hijo (cfr. Is 49,15). Del Antiguo Testamento al Apocalipsis la felicidad recorre toda la Escritura, con momentos de oscuridad y noche, pero con la certeza de la victoria final.

La alegría es la característica de los Evangelios, en particular del Evangelio de Lucas como sucede en el saludo del Ángel a María: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». 
“Alégrate” es la primera palabra de la Nueva Alianza. La primera palabra que Dios dirige al mundo, dirigiéndose a María, en el día que finalmente ha llegado. Dios ordena de alegrarnos, de gozar. Y el motivo de esta buena noticia es porque el “Señor está contigo”, el “Señor está con nosotros”. Con Dios en el corazón María se alegra, canta, danza: es una creyente llena de gozo, como la vemos en
el Magnificat, y nos invita también a nosotros a danzar, a alegrarnos con Ella en la presencia del Señor que está dentro de cada uno de nosotros.
Es la alegría, el núcleo del mensaje de la 19º Jornada Mundial de la Vida Consagrada del 2 de febrero de 2015. En la Carta a los Consagrados, el Papa, los Obispos italianos recuerdan que donde están los consagrados hay alegría, en primer lugar porque reconocen en sí mismo, y en todos los lugares y momentos de la vida, la obra de un Dios que salva con alegría. La presencia de los consagrados
y consagradas en la Iglesia es por lo tanto un motivo para alegrarnos.
¿Cómo no recordar, como telón de fondo, el testimonio del Padre Kolbe que Pablo VI llama “imagen luminosa para nuestra generación, legítimo discípulo de San Francisco? Durante las pruebas más dolorosas que ensangrentaron nuestra época, él se ofreció espontáneamente a la muerte para salvar a un hermano desconocido; y los testimonios nos dicen que ese lugar de sufrimiento, que con frecuencia era imagen del infierno, de algún modo fue cambiado, por sus desafortunados compañeros y por él mismo, por la antecámara de la vida eterna, por su paz interior, por su serenidad, por su alegría. [1] 

Pablo VI presentó al Padre Kolbe como testimonio de alegría. ¿Quién lo hubiera imaginado? Sin lugar a dudas, es testimonio de alegría. Sin alegría, para Padre Kolbe, no haría motivo para dedicarse a la misión y menos aún, para abrazar la vocación.

Dejemos la palabra al padre Maximiliano para escuchar de su viva voz, por medio de sus escritos y los textos de las Conferencias [2], que piensa de la alegría. Siendo clérigo muy joven, durante un curso de ejercicios espirituales, está convencido que uno de los signos en el orden religioso, es el espíritu del silencio y de la alegría. 

“El triste manifiesta en cierto modo la pena de haberse consagrado a Dios” [3]. La alegría, es en primer lugar, un don de Dios, no se encuentra en las fuerzas humanas. “El manantial de la felicidad y de la paz no está afuera, sino dentro de nosotros…” [4] pero a menudo lo olvidamos. Pensamos que son las cosas las que llenan el corazón pero después nos damos cuenta de que no es así.
“Ninguna felicidad de este mundo puede satisfacer totalmente el corazón del hombre. Desea más, siempre más. ¿Cuándo finalmente, se sentirá satisfecho? Aun cuando encuentre la mayor felicidad, apenas ve en ella algún límite, lo supera con el deseo y dice: ¡Oh, si pudiese desaparecer incluso este límite! Entonces, ¿qué felicidad desea?” [5] 
Lo descubriremos en la meditación del próximo mes.

Angela Esposito, mipk

[1]Pablo VI, Gaudete in Domino, AAS (1975).
[2]El texto completo de las Conferencia, por el momento, están solo en el idioma original, en polaco.
[3]EK 962
[4]EK 935
[5]EK 1296.


sábado, 4 de abril de 2015

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

El Señor Resucitó... Aleluya!


Amigos y amigas, compartimos con cada unos de ustedes la alegría de la resurrección del Señor!
Que la luz del Resucitado los ilumine siempre...
con cariño

Las Misioneras de las Comunidades de Bolivia

viernes, 13 de marzo de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA", 14 DE MARZO 2015

¡Yo soy la servidora del Señor!
Para siempre”


 “El ángel Gabriel fue enviado por Dios  a una virgen…el nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»… Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús…  María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho»… (Lc 1,26-38).

Esta página del Evangelio nos presenta la llamada y la misión de María. El ángel es enviado por Dios a María para hacerle conocer el proyecto que Dios tiene para ella y para pedirle su consentimiento. Dios tiene para cada uno de nosotros un designio de amor y no lo realiza sin nosotros. Quiere nuestra libre adhesión.

“El ángel entró en su casa, le dijo Alégrate, amada de Dios! “La primera palabra que Dios dice a María y a cada uno de nosotros es: ¡Alégrate! ¡Goza! La primera palabra del Evangelio es una palabra de alegría. Antes de llamar a una misión, Dios invita a la alegría: “¡Alégrate, sé feliz!”. Cuando Dios entra en nuestra vida no viene para pedir, sino para donar. Viene para decir a cada uno: ábrete a la alegría. Dios se inclina ante nosotros y nos pone en nuestras manos y en nuestro corazón una promesa de felicidad.

 “El Señor está contigo”. Con María sucede algo inaudito, impensable. Entra en ella ese Dios que siempre ha sido del Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. El Dios de los Padres. El  Dios del cual los otros han hecho una experiencia personal, ahora es el Dios con nosotros. Un Dios para acoger y para donar, para hacer nacer, crecer en el corazón de los hombres.

“Yo soy la servidora del Señor”: María se llama a sí misma “servidora”. Servir es un nuevo modo de vivir. Abiertos, dirigidos hacia Dios y no más dirigidos a nosotros mismos, encerrados. La lógica del poseer es sustituida con la lógica del donar. “Servidor” en el término originario significa pegado. María está pegada a Dios, totalmente adherida a Él.
“Yo soy la servidora del Señor”: palabras pronunciadas sin reservas. María entra en el plano de la salvación con los sentimientos de disponibilidad total. Orígenes, un autor antiguo, pone en la boca de María una expresión muy linda: “Soy una tabla de cera, el Altísimo escriba lo que desea”

“Que se cumpla en mí lo que has dicho» Que se cumpla es una forma optativa del verbo griego ghenoito y significa: no deseo nada más que hacer la voluntad de Dios y hacerla con alegría. El verbo optativo, indica un deseo intenso. María pronuncia un sí con todo el corazón.
En mí: María no cumple solamente un gesto o una tarea. Pone en juego su vida. Nosotros hacemos tantas cosas. Estamos comprometidos, a veces en varios sectores. Caminamos curvados bajo el peso de tantos servicios por hacer o ya hechos. ¡Y nos lamentamos! María nos indica que el camino de la existencia no es sólo hacer. Es poner en juego toda la vida. Es un donarse. María en el abandono de la fe confía totalmente en Dios y en su Palabra. Arriesga todo y para siempre.

“Que se cumpla en mí”: En la escuela de la Madre del Señor estas palabras son vividas por el padre Kolbe hasta el ofrecimiento de su vida. En sólo 12 años (1927-1939) la comunidad creada por él, se transforma en un “maxi convento” con más de 700 frailes, tanto que hace temer una nueva Orden en la Orden. Sin campañas vocacionales deslumbrantes, padre Kolbe exhortaba: “¡Vengan a trabajar por la Inmaculada!”. Mostraba la belleza y la urgencia de ser misioneros. “Vivo solo por las almas: ¡esta es mi misión!” había escrito en 1933 desde el barco italiano “Conte Rosso” refiriéndose a la conversión del ministro plenipotenciario japonés Kawai[1].
Como María, también el sí de padre Kolbe tiene la marca de la fidelidad. Es un sí sin si...pero... Hasta el final. Hasta la donación por amor.

¿Es posible amar para siempre? Hoy las personas tienen miedo de hacer elecciones definitivas. Vale tanto para quien se prepara al matrimonio y como también para quien se prepara al sacerdocio y a la vida consagrada. Es un miedo general, propio de nuestra cultura. Hacer elecciones para toda la vida, parece imposible. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura largo plazo. El amor para siempre, podemos decir, se construye como una casa, no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios[2]. Como el amor de Dios es estable, es para siempre, así nuestro amor puede ser estable y para siempre. El secreto es: estar “pegados” a Dios como María, como el padre Kolbe.
Para expresar un para siempre, a nivel mundial, se ha acuñado una palabra forever (para siempre)
para que la entiendan todos sin malentendidos por el idioma.
Forever para recibir y anunciar el Rostro de Dios Amor.

Angela Esposito



[1] Cf. EK 530
[2] Cf. Papa Francisco, mensaje a las familias, 15-2-2014.

www.kolbemission.org


TESTIMONIO DE P. DARIO MAZUREK, OFMCconv.

Padre Dario Mazurek, OFMConv. durante su entrevista habla de la figura y testimonio de 
San Maximiliano Kolbe





viernes, 13 de febrero de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA" - 14 DE FEBRERO 2015

“Cuando ustedes digan «sí», 
que sea sí, y cuando digan «no», que sea no.
Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
(Mt 5, 37)


«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados… Pero yo les digo…»1. “Ustedes han oído, pero yo les digo” no es de puro contraste. Jesús no ha venido a abolir, sino a darle cumplimiento. El ideal religioso de los hebreros devotos consistía en el observar la ley. A una práctica demasiado formal y vacía, que se conforma con hacer sórdidamente sólo cuanto es prescrito por la ley, Jesús contrapone su ley, cuya medida es el amor. Un amor que es gratuidad, libertad, generosidad.

1 Mt 5, 21-22.27-28. 31-32.33-34.38-39. 43-44.
2 El Talmud es un texto sagrado del Judaísmo.
v. 37: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
Que nuestro hablar sea sí si es sí, no si es no. En el medio puede estar solo "el no sé", pero no como “astucia o viveza???” o pereza, sino como silencio de caridad o búsqueda de la verdad. En el Talmud2 leemos: «enseña a tu lengua a decir “no se”... para que no seas tenido por mentiroso». Qué lindo poder decir, en el momento oportuno, “no se” para evitar hablar con demasiada seguridad de las cosas que no nos pertenecen o que apenas conocemos.

La boca debe expresar lo que hay en el corazón, sin doblez, sin falsedad. Jesús a sus discípulos les desea y los invita a un lenguaje de franqueza, no de diplomacia, no de conveniencia. Jesús enseña el amor incondicionado a la verdad: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no…” Jesús desea una transparencia tal hacia el otro que basta mi palabra para hacerlo sentir seguro, una confianza ilimitada entre nosotros que cuando digo "sí" es sí y tú puedes contar con nosotros.

Padre Kolbe, un hombre de verdad, de rectitud, no duda de comprometerse, aunque ponga en juego su propia vida, basta con recordar lo que responde a quien quería ponerlo de su parte a cambio de la vida: “Soy y seguiré siendo polaco”. Como diciendo: No habrá nadie que me haga cambiar de idea, cueste lo que cueste.

Padre Kolbe no conoce los términos de corresponsabilidad y de diversidad, pero los vive en su propia vida. Un hombre entero, no mira de frente a ninguno y en sus elecciones no piensa en los beneficios que puede tener para sí o en su reputación. En un encuentro comunitario en Niepokalanów, un fraile lo contradice abiertamente. Después del encuentro el padre Maximiliano lo llama y le dice: “No le tengo miedo a los perros que ladran... te elijo como mi secretario personal”.
“Parecía que el padre Maximiliano actuaba por inspiración divina. Esto facilitaba el sí o el no a sus frailes”. Él no está enfermo de eficientismo, sino que piensa siempre en el bien del otro. Un día lo llaman porque una máquina se rompió, había gran humo, el trabajo se suspendió y él busca al fraile responsable de lo que pasó, se le acerca y le pregunta: “¿estás bien? ¿Te hiciste daño?”
Un sí libre puede ser dicho solo por personas libres. Libres y desprendidas del poder de las creaturas, libres y desprendidas del poder de las cosas. Algunos testimonios nos cuentan:

“El padre Maximiliano no tenía “personas predilectas”, porque cada uno es hijo predilecto de Dios que da a cada persona una dignidad muy grande”.
Padre Maximiliano tiene la capacidad de decir con el ejemplo de su propia vida si y no en el momento justo, porque es una persona que tiene un corazón indiviso, que está delante de Dios, todo entregado al servicio de Dios. Es un hombre que hizo una elección sin compromiso por la causa de Dios y por Dios arde de pasión y como consecuencia, “Lo que decía con su boca era una hablar transparente. Venía de la plenitud de su corazón”.

ü  Es necesario renunciar constantemente a todos los privilegios para estar en comunión con los otros, porque sólo un sí libre de beneficios, de privilegios, nos pone en relación con los demás y no nos separa.
ü  Estamos llamados a decir un sí de verdad, de libertad, de transparencia y de consecuencia un no para hacer elecciones que requieren un gran coraje y por todas las injusticias grandes o chicas que cometemos también nosotros.
ü  Estamos llamados a introducir en el ambiente palabras de sentido, a purificarlo de palabras que lo contaminan.

¡Qué revolución! ¡Qué profecía!
Angela Esposito
por la comunidad


miércoles, 11 de febrero de 2015

N. SEÑORA DE LOURDES - JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015

Sapientia cordis.
«Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies»
(Jb 29,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.
El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.
1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.
2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos  que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28). Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.
4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la absoluta prioridad de la “salida de sí hacia el otro” como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).
5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf. Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).
También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.
6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.
Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón.
Acompaño esta súplica por todos vosotros con la Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de diciembre de 2014
Memorial de San Francisco Javier
FRANCISCUS

viernes, 9 de enero de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE ENERO

¡Un deseo de... silencio!

Al inicio de un nuevo año es frecuente saludarse, intercambiar saludos, deseándose la paz, bendiciones, prosperidad. Llegamos a ustedes desde Polonia con un deseo de… Silencio! Un deseo que tomamos de la Palabra de Dios que le dice a Elías y a cada uno de nosotros: “El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor». Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto…” (I Re 19,11-13).

Los fenómenos naturales, ruidosos, presentes en el Sinaí, aparecen también aquí, pero el texto subraya que “el Señor no está allí”. Solo cuando siente una voz muy silenciosa, Elías reconoce la presencia del Señor. El silencio revela a Dios en la pequeñez. Un Dios misterioso, nunca igual a sí mismo. Los signos de la presencia de Dios no son más aterradores. El Profeta debe ser capaz de reconocer el paso del Señor en la escucha de la voz del silencio. Aprender a reconocer a Dios allí donde parece que está ausente. No es siempre necesario pasar del fuego al viento, del viento a la tormenta, también la banalidad de la vida cotidiana es lugar privilegiado de la presencia de Dios. Escuchar lo que el silencio dice.

Voz de silencio débil, es la voz del Padre Kolbe que invita a conservar la paz interior, independientemente de los acontecimientos de la vida, porque “en medio de la tempestad, ya sea exterior o interior, es necesario mucha, muchísima tranquilidad”1. “Durante el Capitulo Provincial del año 1936, el padre Buenaventura se pronunció ásperamente  y en un modo agresivo contra las prácticas de la vida conventual en Niepokalanów. Amenazaba una áspera discusión entre los defensores y los adversarios. La tensión era mucha. El padre Maximiliano mantuvo el equilibrio y una calma totalmente heroica, a pesar de que esas cuestiones  lo atacaban directamente a su persona. Él no elevó la voz en su defensa, simplemente repetía: “Será como la Inmaculada quiera”2  “Estaba lleno de cordialidad hacia sus Hermanos Frailes que le provocaban sufrimientos, tal vez involuntariamente. Hablándome de las dificultades que había tenido con el Padre Costanzo en Nagasaki, me dijo: “Rezo a fin de que la Inmaculada convierta todo para un bien.

El padre Kolbe repetía con frecuencia una frase de San Juan de la Cruz: “Trata de que nada te dé fastidio y no te dejes fastidiar por nada. Olvídate de todo y recógete más bien en la intimidad con tu Dios. A veces, nos dicen los que lo conocieron: el padre Kolbe, en los encuentros con los frailes, dona sólo un servicio de escucha.
Con su silencio “casi los obliga”, a bajar a un nivel más profundo, y los reconduce a relativizar  sus acciones para dedicarse al verdadero camino, propio de cada creyente, de cada consagrado, el camino del amor. A ellos le dirige, desde el corazón, una profunda invitación: “Pongamos en Ella nuestra confianza, oremos y vayamos adelante en la vida con tranquilidad y serenidad”4. “La actividad exterior es buena pero, evidentemente, es de importancia secundaria y aun menos en comparación con la vida de nuestro personal amor a Dios”5.

Es en el silencio interior que el alma se purifica y puede renacer. “En el vientre de María el alma debe renacer según la forma de Jesucrito”6. Recomienda a menudo el silencio7. Y se amarga cuando el mismo no logra vivirlo plenamente8. En el silencio y con paciencia recibe las críticas, acusaciones, traiciones. ¿Todo es natural para él?  ¡No todo lo contrario! “Era de carácter fuerte, por naturaleza y calmo, por virtud” para escuchar una voz silenciosa débil y ver la presencia de Dios que se esconde en los pliegues torcidos  y  retorcidos de la vida.

En la “Babel” de nuestro tiempo ensordecedor nadie escucha a nadie. “Ninguno tiene tiempo de escucharte, ni siquiera aquellos que te aman y serían capaces de morir por vos”, afirma con frialdad un personaje de un famoso romance: “Mi corazón escucha” de Taylor Caldwell. El padre Kolbe dona tiempo, todo el tiempo necesario para escuchar a cada hermano fraile y goza cuando vislumbra en el rostro de la persona de quien se ha hecho prójimo, con la escucha y la acogida, una luz tenue de serenidad para retomar juntos el camino de la confianza y de la ternura.


Buen año con María, la Virgen de la escucha y del silencio.

por la comunità
Angela Esposito, mpk