martes, 13 de octubre de 2015
jueves, 1 de octubre de 2015
60 AÑOS IMPULSADOS POR UN SUEÑO...
Sobre los pasos de la memoria,
porque recordar es traer al
corazón, y tener una historia por la cual estar agradecidos, memorias y
momentos que constituyen el mosaico de nuestra identidad.
Recordar para celebrar, celebrar para vivir.
www.kolbemission.org
domingo, 13 de septiembre de 2015
LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE SEPTIEMBRE 2015
Padre Kolbe “madre”
“Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia
mí.” (Jn 12,32)
“De su plenitud, todos nosotros
hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia.” (Jn 1,16)
Y así sucede por
cada vida que se dona. El padre Kolbe,
totalmente entregado a la “Llena de Gracia”, a Aquella que ha sido transformada
por la ternura de Dios, transforma en humano
el deshumanizado campo de concentración de Auschwitz
hasta donar su propia vida.
De la muerte del
padre Kolbe, crucificado por amor, muchos han recibido luz y fuerza
contemplando su testimonio de vida. “Yo creo, dirá un día uno de sus primeros
compañeros de Niepokalanów, que nunca un padre o una madre hayan amado a sus
hijos con tal afecto y ternura como el padre Maximiliano los ha amado.”
Deportado a Auschwitz,
donde llegó el 28 de mayo de 1941, su única preocupación era no dejar escapar
las ocasiones de brindar caridad hacia los otros. A todos les ofrece una mano
llena de amor, por todos reza, sufre y a todos les desea el bien, la felicidad ya que es Dios quien lo quiere[1].
Maximiliano es enviado a
los trabajos forzados, cae extenuado en la tierra y a quién lo socorre, despotricando contra el guardia jefe Krott, él
le dice suavemente: “¡No lo hagas! El odio no es fuerza creadora. Es sólo
impotencia, ¡impotencia de amar!”
Se lo ve empujar
carretillas llenas de piedras: una patrulla lo encontró un día bajo un cúmulo
de hojas, donde sus guardias lo habían arrojado después de haberlo golpeado
hasta sangrar. Fue transportado a la enfermería, un joven enfermo le sacó con
violencia un vaso de leche que el médico le estaba ofreciendo al padre Kolbe
que se encontraba indefenso y con fiebre. El joven ladrón miró a Maximiliano y
le dijo al médico desorientado por lo que había ocurrido y dijo: “yo no creo en
Dios, pero él sí”.
En la enfermería le asignan
el último lugar que quedaba libre, en medio de la corriente de aire de la
puerta de ingreso. Lo valorizó mucho pues esto le permitía acoger a los
enfermos con una cálida palabra y le permitía rezar cuando llevaban a las
personas que fallecían.
Junto a un compañero de
detención le dieron el compromiso de transportar los cadáveres. El pobre
temblaba cuando los llevaba al horno crematorio y el número 16670 rezaba y los bendecía
en medio del humo del horno.
Durante la noche con la
complicidad de las tinieblas, algunos prisioneros iban a ver a Maximiliano para
ser confortados. Un testigo cuenta: “Cuando
al cabo de mi tarea diaria me acercaba a Él me apretaba a su pecho como una
madre a su hijo… Yo me sentía especialmente confortado con sus insistencias:
“Toma la mano de Cristo en una mano y la de María en la otra. Entonces, aun
estando en tinieblas, podrás ir adelante con la confianza de un niño guiado por
sus padres. Tengo una enorme deuda con su corazón maternal”.[2]
“A menudo era golpeado por los
guardias y los jefes. Comencé a pensar de tirarme sobre el alambre de púa con
corriente y terminar con mi vida allí… el padre Kolbe lo supo. Me habló y me devolvió la serenidad. Sabía infundir en mí y
en los demás, coraje... yo lo llamo el apóstol de Auschwitz”. Cuando los grupos de detenidos podían reunirse en torno a él, sin suscitar
la sospecha de los guardias, él les hablaba de Dios, de la fe, de los valores
sublimes de la vida cristiana y aquellos
hombres, tan probados y con la muerte en el corazón, parecían revivir.
“A los 13 años me encontraba en el infierno de Auschwitz. Solo, con mis padres asesinados. Mientras caminaba, buscando
alguien con quien compartir mi dolor, el padre Kolbe me encontró y me habló.
Para mí fue como un ángel y, como una madre, me tomó entre sus brazos. Secaba
siempre mis lágrimas y mi vida volvió a florecer.”
Foto tratta da I Labirinti di Marian Kołodziej
Cuando se dona por un
prisionero se entrega por todos, acompañándolos hacia el bunker: fray Ladislao
comenta su actuar cuando se dirige al lugar de la muerte: “Las diez víctimas pasaban por delante de mí y vi que el padre Kolbe se
tambaleaba bajo el peso de uno de los condenados. Él lo sostenía a este hombre
que no era capaz de caminar con sus propias fuerzas.”
El padre Kolbe,
como una madre da, no pide nada. No pretende, ofrece. No exige nada y dona
todo. Después de haber regalado el pequeño trozo de pan, se dona a sí mismo. Se
da a sí mismo para transformar los hombres de Auschwitz de
bestias en hermanos. Es esta ternura de amor que cambia la vida para siempre. El
padre Kolbe es luz para quien se acerca, porque cree que el bien es posible
también en situaciones que parecen negarlo. “Su
muerte significó la salvación de miles… y mientras vivamos, nosotros, los que
estuvimos en Auschwitz, inclinaremos nuestras cabezas en memoria de ella…
Fuimos impactados por ese acto, que se convirtió para nosotros en una poderosa explosión
de luz en la oscura noche del campo.”[3]
A San Maximiliano se
pueden aplicar muy bien las palabras de una de las más grandes poetisas italianas,
Alda Merini, que así escribe: “Sus ojos
nacidos para la caridad, exentos de cualquier cansancio, no se cerraban nunca,
ni de día ni de noche, porque no querían perder de vista a su Dios”.
Angela Esposito
Harmęże - Polonia
EXPOBIBLIA 2015
En la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y San Maximiliano Kolbe, este domingo 13 de septiembre se realizó una Expobiblia con diferentes dinámicas, juegos y mucho más... con el objetivo de un mayor acercamiento a la Palabra de Dios y ayudar a conocerla mejor. En horas de la tarde se realizó el Festiva Bíblico donde los niños que se preparan a la Primera Comunión escenificaron pasajes bíblicos...
Cochabamba - Bolivia
jueves, 13 de agosto de 2015
LA CELDA DEL AMOR SIEMPRE ABIERTA - 14 DE AGOSTO 2015
Padre Kolbe, hombre “hecho oración.”
“Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en
compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.” (Hech 1,14)
La primera característica de la oración “junto a María” es una
oración perseverante. El autor, para expresar esta característica de la comunidad, usa
un término griego (proskarterountes) que es muy significativo para describir la
oración: es constante, asidua, sin descansos. Es una oración continua.
Persistir en la oración significa pedir y no rendirse nunca, no descansar y no
dar descanso a Dios. San Maximiliano afirma esta expresión diciendo: “la
oración obliga a Dios”1. Perseverancia significa, además, aferrarse
cotidianamente a la palabra, volver a empezar desde ella, para hacer nuevo cada
día. Significa saber quedarse en la oración a fin de que se transforme en
contemplación. Dice Jesús, “solo quien persevera en la oración, se salvará”2.
Quien sabe rezar así, aprende la ley de gratuidad, de la alabanza, del tiempo
“perdido” y ofrecido a Dios.
La segunda característica de la oración con María es “concorde”, es decir es
hecha con un solo corazón con una sola alma. María se hace así la perfecta
orante dentro de la asamblea eclesial.
Oración perseverante y concorde: dos
características siempre presentes en la vida del padre Kolbe. A menudo sus
hermanos le preguntaban: “¿cómo y cuándo rezar?”. Él respondía con pocas
palabras pero muy claras: “se necesita rezar siempre y bien”.
San Maximiliano nos ha dejado una rica herencia escrita sobre la
oración. Releemos uno de sus tantos escritos:
“La oración es un medio desconocido y sin embargo el más eficaz
para restablecer la paz en las almas, para proporcionales la felicidad. La
oración hace renacer el mundo… recemos bien, recemos mucho, tanto con los
labios como con el pensamiento… y nuestros pecados se desvanecerán y nuestros
defectos se debilitarán y nos acercaremos cada vez más a Dios con suavidad y
fuerza. En la medida que ardamos cada vez más de amor divino podremos inflamar
de amor semejante a los demás”.3
Profundamente convencido de la necesidad de mantener una profunda
armonía entre la acción y la contemplación, entre la vida de oración y la
acción, afirma: “la actividad externa es buena, pero obviamente, es de
secundaria importancia y más aún si la confrontamos con la vida interior, con
la vida de recogimiento, de oración, con la vida de nuestro amor personal hacia
Dios”.4 2
La oración aparece así como un dinamismo interior
de la acción apostólica. En este sentido san Maximiliano alcanza una unidad
de vida tal que se puede decir que él, como lo que se decía de san
Francisco, que no era un hombre que rezaba, sino un hombre hecho oración.
El francisco del siglo XX, el hombre hecho
oración, exhorta a sus hermanos a cultivar la unión con Dios:
“En un sector vi una hojita en la que estaba
escrito que no es suficiente hacer las cosas, era necesario hacerlas rápidamente.
Trabajar con rapidez es una cosa buena, pero dentro de algunos límites;
fácilmente, se puede perder el espíritu de oración. Cuando se hace un trabajo
comprometedor es necesario detenerse a menudo para rezar alguna jaculatoria o
hacer oraciones cortas. Sin el espíritu de oración el alma puede convencerse de
hacer mucho, se transforma como una lancha que navega velozmente pero está
destina a estrellarse”5.
Por lo tanto, es necesario rezar siempre y bien,
independientemente del lugar y del tiempo, de las condiciones externas e
internas. La oración es la fuente más importante y eficaz de cualquier acción.
Sabiendo bien que dentro de un aparente éxito se puede esconder una gran
esterilidad, el padre Maximiliano nos invita a pensar en los que nos dice
Jesús:
“… Yo soy la vid,
ustedes los sarmientos, el que permanece en mí y yo en él, da muchos frutos
porque separados de mí nada pueden hacer”6. El salvador no nos dice que sin él
no podemos hacer muchas cosas, sino que no podemos hacer nada, absolutamente
nada. La fecundidad del trabajo por lo tanto, no depende de la capacidad,
del dinero, si bien esto también es necesario, pero solamente y únicamente en
comunión con Dios.”
Inmerso en Dios, ofrece su vida por un
desconocido. En el bunker de la muerte la última oración es para el doctor
Bock, el médico nazista que le aplicó la inyección de ácido fénico,
Maximiliano reza la última Ave María, tendiéndole el brazo y mirándolo a los
ojos.
La última oración del padre Kolbe no es para los
amigos, no es para un pariente, es para quien lo elimina del escenario de la
vida. Lo quiere salvar.
Ángela Esposito
Harmęże – Polonia
1 EK 634.
2 Mt. 24, 13.
3 EK 903
4Ibid.
5 CMK
www.kolbemission.org
lunes, 13 de julio de 2015
LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE JULIO 2015
Padre Kolbe, hombre de mansedumbre
A la luz de la Palabra
de vida, “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y
humilde de corazón” (Mt. 11,29), nos introducimos en el corazón de la reflexión
de este mes, Padre Kolbe, hombre de
mansedumbre.
Muchas veces esta frase ha sido manipulada para someter a las personas.
Pero lo que Jesús quiere decir es justamente lo contrario. Pide a la gente de
alejarse de los maestros de religión, de aquella época y de cada tiempo, de
separarse y de comenzar a aprender de Él, de Jesús, que es “manso y humilde de
corazón”
El complemento “de corazón” no es una expresión más, sin
importancia. Indica que las disposiciones de Jesús se arraigan en su
interioridad e implican a toda su Persona. A vivir se aprende, aprendiendo “el
corazón de Dios”. Y la escuela es la vida de Jesús, este hombre sin poderes,
que nada ni nadie ha podido manipularlo. Aprendan mi modo de amar: humilde, sin
arrogancia, y manso, sin violencia.
La mansedumbre es la hermana gemela de la humildad. Jesús no impone nada a nadie. Su anuncio es un don, un regalo, su amor es
gratuito.
Jesús, el Maestro
“manso”, aparece como un hombre agobiado, vencido, más aun, ajusticiado. ¿Qué
se gana entonces con ser manso? “Felices
los mansos porque recibirán la tierra en herencia” (Mt. 5,4).
Si tenemos en cuenta la época que estamos
viviendo, podemos afirmar que estamos diciendo cosas pasadas de moda. Pero
pensemos que podría suceder en el mundo si no fuéramos esta presencia de
mansedumbre. Con este motivo comencemos un “viaje” en busca de personas mansas.
Un ejemplo de mansedumbre la encontramos en el Padre Maximiliano Kolbe que viene a nuestro encuentro y camina con
nosotros para recordarnos “Que sólo el amor crea, el odio destruye, no es
fuerza creadora”.
Con su vida “ofrecida
por” San Maximiliano nos dice que es posible ser manso. El no ha sido absorbido
por la historia. En el campo de concentración se convierte en el número 16670,
es decir nada entre otros miles de nada. Parece abatido, una persona destruida
por un poder casi invisible. Conclusión de esta parábola de vida: ha sido uno
de los pocos vencedores, uno de los pocos que han desafiado el muro de la
desesperación, del no sentido. ¡En un lugar violento ha encendido la esperanza!
No tenemos que tener
miedo de perecer vencidos: seremos vencedores.
¿Quién
le dio al Padre Kolbe, “el manso y humilde franciscano”[1],
la fuerza de ir contra corriente y ser así una presencia profética? La
Inmaculada, la mujer del magníficat, “El himno más fuerte e innovador que se ha
pronunciado”[2]
María revela el rostro de
misericordia y de ternura, de mansedumbre y de gratuidad de Dios que se inclina
sobre nuestras miserias y “da vuelta” las situaciones: el soberbio será bajado,
y el humilde será ensalzado.
“Si alguien se imagina ser algo,
se engaña porque en realidad no es nada”[3]. El Padre Kolbe exhorta a “evitar todas
aquellas palabras que pueden atraernos la gloria, la estima y el aprecio de los
demás”[4]. Desde
que era un joven fraile[5]
escribe: “La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Obstáculos:
soberbia, amor propio. “El amor propio es odio hacia sí mismo; es el peor
enemigo, poco conocido, que sabe esconderse bien poco combatido, motivo de
preocupaciones”[6].
En las
relaciones con las personas la mansedumbre se reviste de paciencia. No de
aquella que se aprende con técnicas humanas, con ejercicios de relajación. El
Padre Kolbe ha conocido al Dios paciente fijando la mirada sobre el libro de la
cruz y entendió que la cosa más importante es confiar en Dios, entrar en su
lógica y acoger sus tiempos. Completamente abandonado en el Señor Jesús, se
dispuso a acoger al hermano con todas sus dificultades, como un don de gracia
del Señor.
Mansedumbre es ausencia de toda
dureza, imposición o violencia. En latín “mitis” se refiere al tacto, al sabor
y en particular al sabor característico del fruto maduro, Se opone al vocablo
“immitis” o “acerbus”. Por lo tanto al término mansedumbre se asocia fácilmente
la idea de madurez, de suavidad. Entonces ¿Quién es manso? Una
persona madura. Y la persona madura es dulce, mansa, no arrogante, no se cree
con derechos y vanagloria, no se cree importante.
Felices nosotros si hacemos la
guerra, no a los otros, sino a nuestro orgullo, a nuestro yo que tiende siempre
a imponerse, a prevalecer, a sobresalir.
Felices nosotros si con
insistencia pedimos: dónanos Señor, un corazón manso que sepa responder a un
insulto con una silenciosa bendición. Haznos capaces de hacer el bien a
aquellos que nos hacen el mal.
Angela
Esposito
Harmęże - Polonia
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