viernes, 13 de marzo de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA", 14 DE MARZO 2015

¡Yo soy la servidora del Señor!
Para siempre”


 “El ángel Gabriel fue enviado por Dios  a una virgen…el nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»… Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús…  María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho»… (Lc 1,26-38).

Esta página del Evangelio nos presenta la llamada y la misión de María. El ángel es enviado por Dios a María para hacerle conocer el proyecto que Dios tiene para ella y para pedirle su consentimiento. Dios tiene para cada uno de nosotros un designio de amor y no lo realiza sin nosotros. Quiere nuestra libre adhesión.

“El ángel entró en su casa, le dijo Alégrate, amada de Dios! “La primera palabra que Dios dice a María y a cada uno de nosotros es: ¡Alégrate! ¡Goza! La primera palabra del Evangelio es una palabra de alegría. Antes de llamar a una misión, Dios invita a la alegría: “¡Alégrate, sé feliz!”. Cuando Dios entra en nuestra vida no viene para pedir, sino para donar. Viene para decir a cada uno: ábrete a la alegría. Dios se inclina ante nosotros y nos pone en nuestras manos y en nuestro corazón una promesa de felicidad.

 “El Señor está contigo”. Con María sucede algo inaudito, impensable. Entra en ella ese Dios que siempre ha sido del Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. El Dios de los Padres. El  Dios del cual los otros han hecho una experiencia personal, ahora es el Dios con nosotros. Un Dios para acoger y para donar, para hacer nacer, crecer en el corazón de los hombres.

“Yo soy la servidora del Señor”: María se llama a sí misma “servidora”. Servir es un nuevo modo de vivir. Abiertos, dirigidos hacia Dios y no más dirigidos a nosotros mismos, encerrados. La lógica del poseer es sustituida con la lógica del donar. “Servidor” en el término originario significa pegado. María está pegada a Dios, totalmente adherida a Él.
“Yo soy la servidora del Señor”: palabras pronunciadas sin reservas. María entra en el plano de la salvación con los sentimientos de disponibilidad total. Orígenes, un autor antiguo, pone en la boca de María una expresión muy linda: “Soy una tabla de cera, el Altísimo escriba lo que desea”

“Que se cumpla en mí lo que has dicho» Que se cumpla es una forma optativa del verbo griego ghenoito y significa: no deseo nada más que hacer la voluntad de Dios y hacerla con alegría. El verbo optativo, indica un deseo intenso. María pronuncia un sí con todo el corazón.
En mí: María no cumple solamente un gesto o una tarea. Pone en juego su vida. Nosotros hacemos tantas cosas. Estamos comprometidos, a veces en varios sectores. Caminamos curvados bajo el peso de tantos servicios por hacer o ya hechos. ¡Y nos lamentamos! María nos indica que el camino de la existencia no es sólo hacer. Es poner en juego toda la vida. Es un donarse. María en el abandono de la fe confía totalmente en Dios y en su Palabra. Arriesga todo y para siempre.

“Que se cumpla en mí”: En la escuela de la Madre del Señor estas palabras son vividas por el padre Kolbe hasta el ofrecimiento de su vida. En sólo 12 años (1927-1939) la comunidad creada por él, se transforma en un “maxi convento” con más de 700 frailes, tanto que hace temer una nueva Orden en la Orden. Sin campañas vocacionales deslumbrantes, padre Kolbe exhortaba: “¡Vengan a trabajar por la Inmaculada!”. Mostraba la belleza y la urgencia de ser misioneros. “Vivo solo por las almas: ¡esta es mi misión!” había escrito en 1933 desde el barco italiano “Conte Rosso” refiriéndose a la conversión del ministro plenipotenciario japonés Kawai[1].
Como María, también el sí de padre Kolbe tiene la marca de la fidelidad. Es un sí sin si...pero... Hasta el final. Hasta la donación por amor.

¿Es posible amar para siempre? Hoy las personas tienen miedo de hacer elecciones definitivas. Vale tanto para quien se prepara al matrimonio y como también para quien se prepara al sacerdocio y a la vida consagrada. Es un miedo general, propio de nuestra cultura. Hacer elecciones para toda la vida, parece imposible. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura largo plazo. El amor para siempre, podemos decir, se construye como una casa, no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios[2]. Como el amor de Dios es estable, es para siempre, así nuestro amor puede ser estable y para siempre. El secreto es: estar “pegados” a Dios como María, como el padre Kolbe.
Para expresar un para siempre, a nivel mundial, se ha acuñado una palabra forever (para siempre)
para que la entiendan todos sin malentendidos por el idioma.
Forever para recibir y anunciar el Rostro de Dios Amor.

Angela Esposito



[1] Cf. EK 530
[2] Cf. Papa Francisco, mensaje a las familias, 15-2-2014.

www.kolbemission.org


TESTIMONIO DE P. DARIO MAZUREK, OFMCconv.

Padre Dario Mazurek, OFMConv. durante su entrevista habla de la figura y testimonio de 
San Maximiliano Kolbe





viernes, 13 de febrero de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA" - 14 DE FEBRERO 2015

“Cuando ustedes digan «sí», 
que sea sí, y cuando digan «no», que sea no.
Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
(Mt 5, 37)


«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados… Pero yo les digo…»1. “Ustedes han oído, pero yo les digo” no es de puro contraste. Jesús no ha venido a abolir, sino a darle cumplimiento. El ideal religioso de los hebreros devotos consistía en el observar la ley. A una práctica demasiado formal y vacía, que se conforma con hacer sórdidamente sólo cuanto es prescrito por la ley, Jesús contrapone su ley, cuya medida es el amor. Un amor que es gratuidad, libertad, generosidad.

1 Mt 5, 21-22.27-28. 31-32.33-34.38-39. 43-44.
2 El Talmud es un texto sagrado del Judaísmo.
v. 37: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”
Que nuestro hablar sea sí si es sí, no si es no. En el medio puede estar solo "el no sé", pero no como “astucia o viveza???” o pereza, sino como silencio de caridad o búsqueda de la verdad. En el Talmud2 leemos: «enseña a tu lengua a decir “no se”... para que no seas tenido por mentiroso». Qué lindo poder decir, en el momento oportuno, “no se” para evitar hablar con demasiada seguridad de las cosas que no nos pertenecen o que apenas conocemos.

La boca debe expresar lo que hay en el corazón, sin doblez, sin falsedad. Jesús a sus discípulos les desea y los invita a un lenguaje de franqueza, no de diplomacia, no de conveniencia. Jesús enseña el amor incondicionado a la verdad: “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no…” Jesús desea una transparencia tal hacia el otro que basta mi palabra para hacerlo sentir seguro, una confianza ilimitada entre nosotros que cuando digo "sí" es sí y tú puedes contar con nosotros.

Padre Kolbe, un hombre de verdad, de rectitud, no duda de comprometerse, aunque ponga en juego su propia vida, basta con recordar lo que responde a quien quería ponerlo de su parte a cambio de la vida: “Soy y seguiré siendo polaco”. Como diciendo: No habrá nadie que me haga cambiar de idea, cueste lo que cueste.

Padre Kolbe no conoce los términos de corresponsabilidad y de diversidad, pero los vive en su propia vida. Un hombre entero, no mira de frente a ninguno y en sus elecciones no piensa en los beneficios que puede tener para sí o en su reputación. En un encuentro comunitario en Niepokalanów, un fraile lo contradice abiertamente. Después del encuentro el padre Maximiliano lo llama y le dice: “No le tengo miedo a los perros que ladran... te elijo como mi secretario personal”.
“Parecía que el padre Maximiliano actuaba por inspiración divina. Esto facilitaba el sí o el no a sus frailes”. Él no está enfermo de eficientismo, sino que piensa siempre en el bien del otro. Un día lo llaman porque una máquina se rompió, había gran humo, el trabajo se suspendió y él busca al fraile responsable de lo que pasó, se le acerca y le pregunta: “¿estás bien? ¿Te hiciste daño?”
Un sí libre puede ser dicho solo por personas libres. Libres y desprendidas del poder de las creaturas, libres y desprendidas del poder de las cosas. Algunos testimonios nos cuentan:

“El padre Maximiliano no tenía “personas predilectas”, porque cada uno es hijo predilecto de Dios que da a cada persona una dignidad muy grande”.
Padre Maximiliano tiene la capacidad de decir con el ejemplo de su propia vida si y no en el momento justo, porque es una persona que tiene un corazón indiviso, que está delante de Dios, todo entregado al servicio de Dios. Es un hombre que hizo una elección sin compromiso por la causa de Dios y por Dios arde de pasión y como consecuencia, “Lo que decía con su boca era una hablar transparente. Venía de la plenitud de su corazón”.

ü  Es necesario renunciar constantemente a todos los privilegios para estar en comunión con los otros, porque sólo un sí libre de beneficios, de privilegios, nos pone en relación con los demás y no nos separa.
ü  Estamos llamados a decir un sí de verdad, de libertad, de transparencia y de consecuencia un no para hacer elecciones que requieren un gran coraje y por todas las injusticias grandes o chicas que cometemos también nosotros.
ü  Estamos llamados a introducir en el ambiente palabras de sentido, a purificarlo de palabras que lo contaminan.

¡Qué revolución! ¡Qué profecía!
Angela Esposito
por la comunidad


miércoles, 11 de febrero de 2015

N. SEÑORA DE LOURDES - JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON OCASIÓN DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015

Sapientia cordis.
«Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies»
(Jb 29,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.
El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.
1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.
2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos  que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28). Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.
4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la absoluta prioridad de la “salida de sí hacia el otro” como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).
5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf. Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).
También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.
6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.
Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón.
Acompaño esta súplica por todos vosotros con la Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de diciembre de 2014
Memorial de San Francisco Javier
FRANCISCUS

viernes, 9 de enero de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE ENERO

¡Un deseo de... silencio!

Al inicio de un nuevo año es frecuente saludarse, intercambiar saludos, deseándose la paz, bendiciones, prosperidad. Llegamos a ustedes desde Polonia con un deseo de… Silencio! Un deseo que tomamos de la Palabra de Dios que le dice a Elías y a cada uno de nosotros: “El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor». Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto…” (I Re 19,11-13).

Los fenómenos naturales, ruidosos, presentes en el Sinaí, aparecen también aquí, pero el texto subraya que “el Señor no está allí”. Solo cuando siente una voz muy silenciosa, Elías reconoce la presencia del Señor. El silencio revela a Dios en la pequeñez. Un Dios misterioso, nunca igual a sí mismo. Los signos de la presencia de Dios no son más aterradores. El Profeta debe ser capaz de reconocer el paso del Señor en la escucha de la voz del silencio. Aprender a reconocer a Dios allí donde parece que está ausente. No es siempre necesario pasar del fuego al viento, del viento a la tormenta, también la banalidad de la vida cotidiana es lugar privilegiado de la presencia de Dios. Escuchar lo que el silencio dice.

Voz de silencio débil, es la voz del Padre Kolbe que invita a conservar la paz interior, independientemente de los acontecimientos de la vida, porque “en medio de la tempestad, ya sea exterior o interior, es necesario mucha, muchísima tranquilidad”1. “Durante el Capitulo Provincial del año 1936, el padre Buenaventura se pronunció ásperamente  y en un modo agresivo contra las prácticas de la vida conventual en Niepokalanów. Amenazaba una áspera discusión entre los defensores y los adversarios. La tensión era mucha. El padre Maximiliano mantuvo el equilibrio y una calma totalmente heroica, a pesar de que esas cuestiones  lo atacaban directamente a su persona. Él no elevó la voz en su defensa, simplemente repetía: “Será como la Inmaculada quiera”2  “Estaba lleno de cordialidad hacia sus Hermanos Frailes que le provocaban sufrimientos, tal vez involuntariamente. Hablándome de las dificultades que había tenido con el Padre Costanzo en Nagasaki, me dijo: “Rezo a fin de que la Inmaculada convierta todo para un bien.

El padre Kolbe repetía con frecuencia una frase de San Juan de la Cruz: “Trata de que nada te dé fastidio y no te dejes fastidiar por nada. Olvídate de todo y recógete más bien en la intimidad con tu Dios. A veces, nos dicen los que lo conocieron: el padre Kolbe, en los encuentros con los frailes, dona sólo un servicio de escucha.
Con su silencio “casi los obliga”, a bajar a un nivel más profundo, y los reconduce a relativizar  sus acciones para dedicarse al verdadero camino, propio de cada creyente, de cada consagrado, el camino del amor. A ellos le dirige, desde el corazón, una profunda invitación: “Pongamos en Ella nuestra confianza, oremos y vayamos adelante en la vida con tranquilidad y serenidad”4. “La actividad exterior es buena pero, evidentemente, es de importancia secundaria y aun menos en comparación con la vida de nuestro personal amor a Dios”5.

Es en el silencio interior que el alma se purifica y puede renacer. “En el vientre de María el alma debe renacer según la forma de Jesucrito”6. Recomienda a menudo el silencio7. Y se amarga cuando el mismo no logra vivirlo plenamente8. En el silencio y con paciencia recibe las críticas, acusaciones, traiciones. ¿Todo es natural para él?  ¡No todo lo contrario! “Era de carácter fuerte, por naturaleza y calmo, por virtud” para escuchar una voz silenciosa débil y ver la presencia de Dios que se esconde en los pliegues torcidos  y  retorcidos de la vida.

En la “Babel” de nuestro tiempo ensordecedor nadie escucha a nadie. “Ninguno tiene tiempo de escucharte, ni siquiera aquellos que te aman y serían capaces de morir por vos”, afirma con frialdad un personaje de un famoso romance: “Mi corazón escucha” de Taylor Caldwell. El padre Kolbe dona tiempo, todo el tiempo necesario para escuchar a cada hermano fraile y goza cuando vislumbra en el rostro de la persona de quien se ha hecho prójimo, con la escucha y la acogida, una luz tenue de serenidad para retomar juntos el camino de la confianza y de la ternura.


Buen año con María, la Virgen de la escucha y del silencio.

por la comunità
Angela Esposito, mpk


miércoles, 24 de diciembre de 2014

FELICES FIESTAS

HA NACIDO UN NIÑO... HA NACIDO DIOS...


"He adorado el misterio del Verbo que se hizo carne, que había florecido en el seno de una Virgen en un portal de pastores porque no había lugar para ellos en la posada..." (P. Luis Faccenda).

FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO LLENO DE 
BENDICIONES! 

Les desean las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe.


domingo, 14 de diciembre de 2014

LA CELDA DEL AMOR SIEMPRE ABIERTA - 14 DE DICIEMBRE 2014

 “… Envió a su Hijo, nacido de una mujer…”.


Nos ponemos a la escucha de las Escrituras para poder conocer el verdadero rostro de Dios. Un  Dios que viene a nosotros. Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer…” (Gal 4,4). Si en el Antiguo Testamento Dios llenó el tiempo con su obra de salvación, Él, con Jesús, llenó el tiempo de sí mismo. La encarnación marca la plenitud de los tiempos, no en el sentido de que el tiempo ha madurado, se ha hecho pleno y ha causado el envío del Hijo, sino todo lo contrario, como dice Lutero, "es el envío del Hijo el que lleva al tiempo a la plenitud". Cristo "en el que reside toda la plenitud" (Col 1,19) llena con su presencia nuestro tiempo, y "de su plenitud todos hemos recibido, gracia sobre gracia” (Jn 1,16). El movimiento de la gracia es de arriba hacia abajo. “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer…”. En la Biblia, como también en los himnos de Qumrán, la expresión “nacido de una mujer” indica fragilidad y caducidad. Es esta vida frágil y mortal que el Hijo de Dios asume y desposa. “Nacido de una mujer”: “la mujer que no puede tocar el rollo de la Palabra de Dios, dará a luz a la Palabra de Dios que se hará carne."[1]

En la plenitud del tiempo Dios se dirige a María de Nazaret: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo... Concebirás y darás a luz un hijo,… Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí” (Lc 1, 26-38). El ángel se dirige a la joven con un nombre personal, “su nombre era María”, llamándola “llena de gracia”. En griego la expresión: “alégrate, llena de gracia” es un “pasivo divino”, la acción la hace Dios, y significa: tú eres amada por Dios y para siempre. El ángel llama a María con un nombre nuevo, con el cual Dios la pensó desde la eternidad. Su nombre es Amada. Finalmente, la mujer llamada por nombre dice su “sí”, “Hágase en mí”.

La respuesta de María es una total entrega de sí misma. La Virgen se hace “seno acogedor”. Jesús viene e inaugura la nueva creación. La nueva creación es inaugurada por Hijo de Dios en el seno de María. Una nueva relación, ya no basada en la ley, sino en la acogida de su amor gratuito anunciado a María, la amada, por toda la humanidad. Antes de ser llamada para dar algo a Dios, la Virgen es llama a recibir un don de Dios. A recibirlo a él mismo. No importa si la llevará a darlo a luz en un establo, ella continuará confiando en Él y así podrá escuchar el canto de los ángeles que anunciaron los pastores. María vive y camina con la presencia de Dios dentro de ella. Rumia en la reflexión interior todas las palabras y los acontecimientos que acompañan el Nacimiento y toda su existencia. “Hágase”, un sí que repetirá cada día de su vida.

Sí, es la palabra de los enamorados, de los “locos”, como loco era llamado el padre Kolbe. El “loco de la Inmaculada”, se convierte en el loco del Señor.
Sí, dice el padre Kolbe para fundar la Milicia de la Inmaculada y llevar a Jesús, “nacido de una mujer”, al corazón del mundo.
Sí, repite cuando comienza la actividad editorial en Polonia.
Sí, para fundar y animar la ciudad de la Inmaculada.
Sí, dice una vez más y por última vez en el campo de Auschwitz, para que no maten al ser humano porque está hecho para un amor más grande.”[2]
Sí, para que el ser humano no se crea que Dios no existe o que si existe no le importen las personas. ¡Dios es amor! Y el campo se iluminó. Se vistió de luz. Y Dios se apuró a renacer en los corazones desanimados y desconfiados de los hombres y de las mujeres detrás de un alambre de púas. El alambre se rompió y se vislumbró una rosa, símbolo de amor,  signo visible del corazón que se entrega sólo a Dios, a su amor gratuito y para siempre! Y aquellos hombres y mujeres, que dirigiéndose hacia el rostro de Dios, sintiéndose mirados, se sintieron llamados por su verdadero nombre: Tú eres amado por mí, tú eres amada por mí. La luz los envolvió y una nueva palabra se abrió camino en las tinieblas: “Hoy, nos ha nacido un Salvador”.  

Si nos fiáramos de Dios y de su Palabra, también en los corazones de los hombres y las mujeres de este nuevo milenio, se rompería el alambre de púas de los deseos del dejarse estar porque "total ya no hay nada más que hacer". Se rompería el alambre de púas del resentimiento, del rencor, del odio que, como un pulpo con sus tentáculos de muerte, nos envuelve y nos ahoga. Y podríamos escuchar la palabra verdadera de Dios para nosotros, la palabra del amor, entregada a María desde siempre.
Un Niño, “nacido de una mujer”, cambia la historia. Un número, 16670[3], entre millones de otros números, ilumina la noche oscura del campo de Auschwitz. En la noche de Navidad, en la noche de todos los tiempos Dios irrumpe en el corazón del mundo y el tiempo se “llena”, se plenifica. Nace el amor.
Todos nosotros somos hombres y mujeres de este mundo “terrible y magnifico”[4] somos destinatarios del amor de Dios. Amados, nos ponemos en marcha por los caminos de la vida para contar la novedad que trae el Niño de Belén: ¡Dios te ama!

por la comunidad
Angela Esposito


[1] P. Alberto Maggi.
[2] Juan Pablo II
[3] Número de prisionero del padre Kolbe
[4] Pablo VI