lunes, 13 de julio de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE JULIO 2015

Padre Kolbe, hombre de mansedumbre

A la luz de la Palabra de vida, “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29), nos introducimos en el corazón de la reflexión de este mes, Padre Kolbe, hombre de mansedumbre.

Muchas veces esta frase ha sido manipulada para someter a las personas. Pero lo que Jesús quiere decir es justamente lo contrario. Pide a la gente de alejarse de los maestros de religión, de aquella época y de cada tiempo, de separarse y de comenzar a aprender de Él, de Jesús, que es “manso y humilde de corazón”

El complemento “de corazón” no es una expresión más, sin importancia. Indica que las disposiciones de Jesús se arraigan en su interioridad e implican a toda su Persona. A vivir se aprende, aprendiendo “el corazón de Dios”. Y la escuela es la vida de Jesús, este hombre sin poderes, que nada ni nadie ha podido manipularlo. Aprendan mi modo de amar: humilde, sin arrogancia, y manso, sin violencia.

La mansedumbre es la hermana gemela de la humildad. Jesús no impone nada a nadie. Su anuncio es un don, un regalo, su amor es gratuito.

Jesús, el Maestro “manso”, aparece como un hombre agobiado, vencido, más aun, ajusticiado. ¿Qué se  gana entonces con ser manso? “Felices los mansos porque recibirán la tierra en herencia” (Mt. 5,4).

Si tenemos en cuenta la época que estamos viviendo, podemos afirmar que estamos diciendo cosas pasadas de moda. Pero pensemos que podría suceder en el mundo si no fuéramos esta presencia de mansedumbre. Con este motivo comencemos un “viaje” en busca de personas mansas. Un ejemplo de mansedumbre la encontramos en el Padre Maximiliano Kolbe que viene a nuestro encuentro y camina con nosotros para recordarnos “Que sólo el amor crea, el odio destruye, no es fuerza creadora”.

Con su vida “ofrecida por” San Maximiliano nos dice que es posible ser manso. El no ha sido absorbido por la historia. En el campo de concentración se convierte en el número 16670, es decir nada entre otros miles de nada. Parece abatido, una persona destruida por un poder casi invisible. Conclusión de esta parábola de vida: ha sido uno de los pocos vencedores, uno de los pocos que han desafiado el muro de la desesperación, del no sentido. ¡En un lugar violento ha encendido la esperanza!
No tenemos que tener miedo de perecer vencidos: seremos vencedores.

¿Quién le dio al Padre Kolbe, “el manso y humilde franciscano”[1], la fuerza de ir contra corriente y ser así una presencia profética? La Inmaculada, la mujer del magníficat, “El himno más fuerte e innovador que se ha pronunciado”[2]  María revela el rostro de misericordia y de ternura, de mansedumbre y de gratuidad de Dios que se inclina sobre nuestras miserias y “da vuelta” las situaciones: el soberbio será bajado, y el humilde será ensalzado.

“Si alguien se imagina ser algo, se engaña porque en realidad no es nada”[3].  El Padre Kolbe exhorta a “evitar todas aquellas palabras que pueden atraernos la gloria, la estima y el aprecio de los demás”[4]. Desde que era un joven fraile[5] escribe: “La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Obstáculos: soberbia, amor propio. “El amor propio es odio hacia sí mismo; es el peor enemigo, poco conocido, que sabe esconderse bien poco combatido, motivo de preocupaciones”[6].

En las relaciones con las personas la mansedumbre se reviste de paciencia. No de aquella que se aprende con técnicas humanas, con ejercicios de relajación. El Padre Kolbe ha conocido al Dios paciente fijando la mirada sobre el libro de la cruz y entendió que la cosa más importante es confiar en Dios, entrar en su lógica y acoger sus tiempos. Completamente abandonado en el Señor Jesús, se dispuso a acoger al hermano con todas sus dificultades, como un don de gracia del Señor.

Mansedumbre es ausencia de toda dureza, imposición o violencia. En latín “mitis” se refiere al tacto, al sabor y en particular al sabor característico del fruto maduro, Se opone al vocablo “immitis” o “acerbus”. Por lo tanto al término mansedumbre se asocia fácilmente la idea de madurez, de suavidad. Entonces ¿Quién es manso? Una persona madura. Y la persona madura es dulce, mansa, no arrogante, no se cree con derechos y vanagloria, no se cree importante.

Felices nosotros si hacemos la guerra, no a los otros, sino a nuestro orgullo, a nuestro yo que tiende siempre a imponerse, a prevalecer, a sobresalir.
Felices nosotros si con insistencia pedimos: dónanos Señor, un corazón manso que sepa responder a un insulto con una silenciosa bendición. Haznos capaces de hacer el bien a aquellos que nos hacen el mal.



Angela Esposito
Harmęże - Polonia



[1] Pablo VI, Beatificación 17 octubre 1971.
[2] Ibid.
[3] Gal. 6,3
[4] EK 969
[5] Ejercicios espirituales de 1917.
[6] Cf. EK 968.


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sábado, 13 de junio de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE JUNIO 2015

Conclusión de la reflexión Padre Kolbe, 
Testimonio de alegría

Recojamos algunos fragmentos de la alegría del Padre Kolbe desde sus variadas expresiones y experiencias.

 “El fin de la Milicia de la Inmaculada es conquistar el mundo entero, todos y cada uno de los corazones para la Reina no solo del cielo sino también de la tierra; dar felicidad verdadera a aquellos pobres infelices que la buscan en los placeres efímeros de este mundo”[1].

El pensamiento del Padre Kolbe concluye inmediatamente en una estrategia apostólica, en involucrar a otros en su sueño de donar felicidad: “Es necesario inundar la tierra con un diluvio de prensa cristiana y mariana, en cada idioma, en cada lugar, para ahogar en los remolinos de la verdad cada manifestación de error  y  que ha encontrado en la prensa la más potente aleada, es necesario envolver el mundo de prensa con palabras de verdad para devolver al mundo el gozo de vivir”.

Al Perfecto  de Varsovia describe el estilo de la vida de la Ciudad de la Inmaculada: “Habitamos en barracas de madera, vivimos de limosna y nos privamos hasta de las comodidades más corrientes; somos nosotros mismos los que se afanan para publicar la revista, trabajando a veces más allá de nuestras fuerzas, en el espíritu de nuestra vocación, con tal de conquistar el mayor número posible de almas para la Inmaculada y así elevarlas y hacerlas felices de la manera más autentica”[2].

El padre Kolbe les habla a los miembros de la M.I. sobre las maravillas que Dios ha realizado en la Inmaculada y por esto es necesario alegrarse y dirigirse a Ella con confianza y con un amor siempre  más grande[3].

 “Alegrarse de las maravillas que Dios ha realizado en la Inmaculada y realiza continuamente en nosotros. Nosotros proclamamos que a través de la Inmaculada lo podemos todo: demostrémoslo, pues,  con la acción. Pongamos en Ella nuestra confianza, oremos y vayamos adelante en la vida con tranquilidad y serenidad”[4].

Esta disponibilidad a la donación total y a la misión incondicional de la caridad, el Padre Kolbe la expresará también en los últimos momentos de su vida. Fray Marcelo Pisarek nos trasmite las últimas palabras del santo en la vigilia de su primer arresto: “Dios puede todo y se dona al alma que se ha consagrado a Él.  Entre Dios y el alma se establece el flujo y reflujo del amor. ¡Qué indecible felicidad! Qué gracia grande es aquella que puede sellar con la vida el propio ideal”. Y en el bunker de la muerte padre Kolbe “soportaba todo con alegría, no pedía nada y no se lamentada nunca,  se quedaba en el fondo sentado, apoyado en la pared… Después los condenados comenzaron a morir… “Cuando abrí la puerta de hierro – es su carcelero que lo cuenta – no vivía más, pero se me presentaba como si estuviera vivo. Aun estaba apoyado en la pared. La cara era radiante de un modo insólito. Los ojos muy abiertos y fijos en un punto. Toda la figura estaba como en éxtasis. No me lo olvidaré jamás”[5].

En verdad se puede decir del padre Kolbe: ha vivido para  donar la alegría al mundo entero y a cada persona que ha encontrado en su camino. Escuchemos una voz entre tantas otras. Con estupor el príncipe Drucki-Lubecki cuenta : «Cada uno se sentía feliz por el solo hecho de estar con él, no importaba lo que estaba haciendo».

La fe es contagiosa y nuestra generación está fascinada de testimonios, de hombres y mujeres con corazón ardiente y el corazón del Padre Kolbe quema de amor por Dios, por la Inmaculada y por el mundo entero. Para el Padre Kolbe la alegría es algo contagioso, que tiene en sí una energía de expansión: por esto la alegría para el cristiano es un compromiso apostólico y misionero en relación con los otros.

Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo[6].

Con un salto en el tiempo, llegamos a nuestros días y leemos en la carta Alégrense:
“En un mundo de desconfianza, desaliento, depresión… estamos llamados a trasmitir confianza en una felicidad verdadera, que se apoye en Dios”[7].

“Todos los redimidos por la Sangre de Jesús, sin ninguna excepción, son nuestros hermanos. A todos, el apóstol, les desea la verdadera felicidad, que se les inflame el corazón de amor a Dios, un amor sin límites. La felicidad de toda la humanidad en Dios por medio de la Inmaculada: he aquí su sueño”[8].                                                                                                   
En este mundo donde hay tanta tristeza y tanta alegría superficial, apurémonos a llevar a todo el mundo la Buena Noticia, para llevar a todos la alegría incontenible de la presencia del Señor Jesús. Un Dios enamorado de nosotros. Esto nos hace llorar de alegría. Hagámonos personas de alegría, de la sonrisa y del buen humor para ser apóstoles de un nuevo ministerio, el ministerio del buen humor y del optimismo cristiano.


Angela Esposito
Harmęże - Polonia




[1] EK 97.
[2] EK 180.
[3] Cf. CMK 56.
[4] EK 935.
[5] Bruno Borgowiec.
[6] Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 80.
[7] Alegraos, Carta a los consagrados, n° 8.
[8] EK 1088

www.kolbemission.org

miércoles, 13 de mayo de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE MAYO 2015

Meditación, mayo 2015

“Padre Kolbe, testimonio de alegría”




Nos introducimos en la segunda parte de nuestra reflexión: “Padre Kolbe, testimonio de alegría”, con la pregunta-respuesta del texto con el cual nos despedimos el mes anterior: “¿Cuál es, por lo tanto, la felicidad que el hombre desea? Una felicidad sin límites… en cuanto a la intensidad, la grandeza, la duración o cualquier otra cosa”1. El secreto de la felicidad lo dice Jesús en los Hechos de los Apóstoles: “La felicidad está más en dar que en recibir”2. La felicidad no consiste en lo que los otros nos hacen, nos dan: siempre quedaremos descontentos. La felicidad plena consiste en lo que nosotros hacemos por los otros con el regalo de nosotros mismos. La alegría aparece en los escritos de san Maximiliano y en las conferencias como la modalidad de cómo se hacen y se viven las cosas. La presencia de la alegría es la señal que una realidad se vive bien, y es vivida con la actitud justa.
El Padre Maximiliano, cuando habla de alegría, dice también de donde nace. Nace de la relación profunda con Dios, con la Inmaculada, las relaciones entre hermanos: éstos, son los hábitats naturales donde crece la alegría. El que cree que la historia del mundo no está en las manos del destino ciego, sino en las manos del Padre, éste podrá permanecer siempre alegre y sereno. La alegría del misionero se caracteriza por servir a Jesús por medio de la Inmaculada: “No tienen idea de cuán dulce es servir fielmente a Dios y a la Inmaculada”3. En la escuela de María se descubre amado por Dios y capaz de amar a los hermanos. Goza por la presencia de cada uno. Se alegra que Niepokalanów crezca, que la Orden crezca.
Escribiendo al Padre Provincial por algunas cuestiones, subraya que “en Niepokalanów el espíritu es muy bueno, todos aman a la Inmaculada y desean ponerse a su servicio con todo el corazón. ¡Todo para agradecer! Lo que le llama la atención a los que llegan es la serenidad y la felicidad que se refleja en cada rostro”.
Maximiliano, hablando de su experiencia en Japón, escribe: “nosotros somos religiosos, por lo tanto debemos continuamente ejercitarnos para ser gentiles y delicados. A veces sucede que una persona de fe, frente a los de afuera, es como un ángel de gentileza, pero no es así para con sus hermanos, los que viven a su lado, quiere decir que la cortesía es muy superficial. No podemos ser sepulcros blanqueados, tenemos que aspirar a tener un corazón delicado por amor y respeto hacia los otros y ser gentiles siempre”
Con la Inmaculada en el corazón, el p. Maximiliano habla a sus hermanos de la verdadera alegría, que no consiste en chistes tontos y banales, en carcajadas vacías. Para él, una sonrisa, una palabra simpática y alegre, cosas que de por sí son buenas, pueden transformarse en obstáculo e impedimento en el camino de la santidad, si son llevadas al exceso. La verdadera alegría nace allí, donde hay un poco de sacrificio, de lucha, de esfuerzo4. Y es más profunda que un simple sentimiento o emoción.
1 EK 1296
2 Hech. 20, 35
3 EK 149; 113

Ladislao Dubaniowski, un compañero del seminario, recuerda que “también en las pruebas y en las dificultades no se desanimaba nunca y no caía nunca en el desaliento; decía con alegría: “la próxima vez todo saldrá mejor”5.
El Padre Maximiliano contando los hechos misioneros en Japón, testimonia como Dios le dona a él y a sus cohermanos la alegría en medio de las pruebas porque "sólo quién reza puede vencer todo. A pesar de estas dificultades Dios dona muchos consuelos. La consolación siempre es más grande que las dificultades”6.
Consciente que, en la relación con Dios (como en cada relación) hay un tiempo para la alegría y también para la prueba y la duda, afirmaba con convicción: “Con alegría, (no quiere decir que no se siente el dolor) aunque en la prueba uno se entrega a la voluntad de Dios… y la prueba de amor más grande es cuando parece que Dios nos ha abandonado, y soportamos todo con alegría, experimentando la verdad de las palabras de Jesús en la Cruz: “Todo se ha cumplido” (Jn. 19, 30)” 7
Para el Padre Maximiliano, entonces, la alegría tiene que habitar en el corazón del hombre también en las dificultades y en las pruebas de la vida. Nos invita a no perder la paz, a mantener la alegría también en las caídas. “En caso de una caída nunca hay que entristecerse porque esta es una soberbia punzante, al contrario, levantarse enseguida con gran amor y alegría de espíritu y seguir caminando. Reparar la caída con un acto de amor perfecto”8. Vivir con serenidad y alegría los propios errores: “Antes de la caída Satanás nos tienta con el pensamiento de minimizar el pecado, no es tan grave, después de la caída agranda el pecado, grita que esta mancha quedará para siempre. Si después de la caída meditásemos y pensásemos que también la caída puede ser útil para la gloria de la Inmaculada, nos sentiremos distintos. Me alegro de mis debilidades, porque el amor de Jesús se muestra mejor en las debilidades, como dice San Pablo (cf.2Cor 12,9)”9.

Angela Esposito

Harmęże - Polonia

domingo, 3 de mayo de 2015

FORMACIÓN PERMANENTE MIPK 2014 - 2015

Durante los meses siguientes a la semana de formación permanente anual, que tuvimos en julio 2014, hemos tenido encuentros mensuales, para seguir profundizando las diferentes temáticas abordadas. Una experiencia enriquecedora que nos ayudado mucho. La última etapa la hemos vivido este 29 de abril 2015. 

















martes, 14 de abril de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA" - 14 DE ABRIL 2015

PADRE KOLBE, TESTIMONIO DE ALEGRÍA


La palabra “alegría” en la Biblia aparece 225 veces en el Antiguo Testamento y 72 veces en el Nuevo Testamento, lo que constituye para nosotros un mensaje especial.
Ojeamos juntos el Antiguo y Nuevo Testamento para recoger las perlas que se nos regalan para nuestra alegría: “Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios” (Is 61,10); “has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino” (Sal 4,8); “Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos” (Sal 100,2).
¿Pero cuáles son los motivos de alegría para el pueblo de Israel? Dios ama a su pueblo “con un amor eterno” (Jer 31,3), con un amor “fuerte como la muerte” (Ct 8,6), con un amor tiernísimo como el de la madre con su pequeño hijo (cfr. Is 49,15). Del Antiguo Testamento al Apocalipsis la felicidad recorre toda la Escritura, con momentos de oscuridad y noche, pero con la certeza de la victoria final.

La alegría es la característica de los Evangelios, en particular del Evangelio de Lucas como sucede en el saludo del Ángel a María: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». 
“Alégrate” es la primera palabra de la Nueva Alianza. La primera palabra que Dios dirige al mundo, dirigiéndose a María, en el día que finalmente ha llegado. Dios ordena de alegrarnos, de gozar. Y el motivo de esta buena noticia es porque el “Señor está contigo”, el “Señor está con nosotros”. Con Dios en el corazón María se alegra, canta, danza: es una creyente llena de gozo, como la vemos en
el Magnificat, y nos invita también a nosotros a danzar, a alegrarnos con Ella en la presencia del Señor que está dentro de cada uno de nosotros.
Es la alegría, el núcleo del mensaje de la 19º Jornada Mundial de la Vida Consagrada del 2 de febrero de 2015. En la Carta a los Consagrados, el Papa, los Obispos italianos recuerdan que donde están los consagrados hay alegría, en primer lugar porque reconocen en sí mismo, y en todos los lugares y momentos de la vida, la obra de un Dios que salva con alegría. La presencia de los consagrados
y consagradas en la Iglesia es por lo tanto un motivo para alegrarnos.
¿Cómo no recordar, como telón de fondo, el testimonio del Padre Kolbe que Pablo VI llama “imagen luminosa para nuestra generación, legítimo discípulo de San Francisco? Durante las pruebas más dolorosas que ensangrentaron nuestra época, él se ofreció espontáneamente a la muerte para salvar a un hermano desconocido; y los testimonios nos dicen que ese lugar de sufrimiento, que con frecuencia era imagen del infierno, de algún modo fue cambiado, por sus desafortunados compañeros y por él mismo, por la antecámara de la vida eterna, por su paz interior, por su serenidad, por su alegría. [1] 

Pablo VI presentó al Padre Kolbe como testimonio de alegría. ¿Quién lo hubiera imaginado? Sin lugar a dudas, es testimonio de alegría. Sin alegría, para Padre Kolbe, no haría motivo para dedicarse a la misión y menos aún, para abrazar la vocación.

Dejemos la palabra al padre Maximiliano para escuchar de su viva voz, por medio de sus escritos y los textos de las Conferencias [2], que piensa de la alegría. Siendo clérigo muy joven, durante un curso de ejercicios espirituales, está convencido que uno de los signos en el orden religioso, es el espíritu del silencio y de la alegría. 

“El triste manifiesta en cierto modo la pena de haberse consagrado a Dios” [3]. La alegría, es en primer lugar, un don de Dios, no se encuentra en las fuerzas humanas. “El manantial de la felicidad y de la paz no está afuera, sino dentro de nosotros…” [4] pero a menudo lo olvidamos. Pensamos que son las cosas las que llenan el corazón pero después nos damos cuenta de que no es así.
“Ninguna felicidad de este mundo puede satisfacer totalmente el corazón del hombre. Desea más, siempre más. ¿Cuándo finalmente, se sentirá satisfecho? Aun cuando encuentre la mayor felicidad, apenas ve en ella algún límite, lo supera con el deseo y dice: ¡Oh, si pudiese desaparecer incluso este límite! Entonces, ¿qué felicidad desea?” [5] 
Lo descubriremos en la meditación del próximo mes.

Angela Esposito, mipk

[1]Pablo VI, Gaudete in Domino, AAS (1975).
[2]El texto completo de las Conferencia, por el momento, están solo en el idioma original, en polaco.
[3]EK 962
[4]EK 935
[5]EK 1296.


sábado, 4 de abril de 2015

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!

El Señor Resucitó... Aleluya!


Amigos y amigas, compartimos con cada unos de ustedes la alegría de la resurrección del Señor!
Que la luz del Resucitado los ilumine siempre...
con cariño

Las Misioneras de las Comunidades de Bolivia

viernes, 13 de marzo de 2015

"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA", 14 DE MARZO 2015

¡Yo soy la servidora del Señor!
Para siempre”


 “El ángel Gabriel fue enviado por Dios  a una virgen…el nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»… Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús…  María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho»… (Lc 1,26-38).

Esta página del Evangelio nos presenta la llamada y la misión de María. El ángel es enviado por Dios a María para hacerle conocer el proyecto que Dios tiene para ella y para pedirle su consentimiento. Dios tiene para cada uno de nosotros un designio de amor y no lo realiza sin nosotros. Quiere nuestra libre adhesión.

“El ángel entró en su casa, le dijo Alégrate, amada de Dios! “La primera palabra que Dios dice a María y a cada uno de nosotros es: ¡Alégrate! ¡Goza! La primera palabra del Evangelio es una palabra de alegría. Antes de llamar a una misión, Dios invita a la alegría: “¡Alégrate, sé feliz!”. Cuando Dios entra en nuestra vida no viene para pedir, sino para donar. Viene para decir a cada uno: ábrete a la alegría. Dios se inclina ante nosotros y nos pone en nuestras manos y en nuestro corazón una promesa de felicidad.

 “El Señor está contigo”. Con María sucede algo inaudito, impensable. Entra en ella ese Dios que siempre ha sido del Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. El Dios de los Padres. El  Dios del cual los otros han hecho una experiencia personal, ahora es el Dios con nosotros. Un Dios para acoger y para donar, para hacer nacer, crecer en el corazón de los hombres.

“Yo soy la servidora del Señor”: María se llama a sí misma “servidora”. Servir es un nuevo modo de vivir. Abiertos, dirigidos hacia Dios y no más dirigidos a nosotros mismos, encerrados. La lógica del poseer es sustituida con la lógica del donar. “Servidor” en el término originario significa pegado. María está pegada a Dios, totalmente adherida a Él.
“Yo soy la servidora del Señor”: palabras pronunciadas sin reservas. María entra en el plano de la salvación con los sentimientos de disponibilidad total. Orígenes, un autor antiguo, pone en la boca de María una expresión muy linda: “Soy una tabla de cera, el Altísimo escriba lo que desea”

“Que se cumpla en mí lo que has dicho» Que se cumpla es una forma optativa del verbo griego ghenoito y significa: no deseo nada más que hacer la voluntad de Dios y hacerla con alegría. El verbo optativo, indica un deseo intenso. María pronuncia un sí con todo el corazón.
En mí: María no cumple solamente un gesto o una tarea. Pone en juego su vida. Nosotros hacemos tantas cosas. Estamos comprometidos, a veces en varios sectores. Caminamos curvados bajo el peso de tantos servicios por hacer o ya hechos. ¡Y nos lamentamos! María nos indica que el camino de la existencia no es sólo hacer. Es poner en juego toda la vida. Es un donarse. María en el abandono de la fe confía totalmente en Dios y en su Palabra. Arriesga todo y para siempre.

“Que se cumpla en mí”: En la escuela de la Madre del Señor estas palabras son vividas por el padre Kolbe hasta el ofrecimiento de su vida. En sólo 12 años (1927-1939) la comunidad creada por él, se transforma en un “maxi convento” con más de 700 frailes, tanto que hace temer una nueva Orden en la Orden. Sin campañas vocacionales deslumbrantes, padre Kolbe exhortaba: “¡Vengan a trabajar por la Inmaculada!”. Mostraba la belleza y la urgencia de ser misioneros. “Vivo solo por las almas: ¡esta es mi misión!” había escrito en 1933 desde el barco italiano “Conte Rosso” refiriéndose a la conversión del ministro plenipotenciario japonés Kawai[1].
Como María, también el sí de padre Kolbe tiene la marca de la fidelidad. Es un sí sin si...pero... Hasta el final. Hasta la donación por amor.

¿Es posible amar para siempre? Hoy las personas tienen miedo de hacer elecciones definitivas. Vale tanto para quien se prepara al matrimonio y como también para quien se prepara al sacerdocio y a la vida consagrada. Es un miedo general, propio de nuestra cultura. Hacer elecciones para toda la vida, parece imposible. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura largo plazo. El amor para siempre, podemos decir, se construye como una casa, no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios[2]. Como el amor de Dios es estable, es para siempre, así nuestro amor puede ser estable y para siempre. El secreto es: estar “pegados” a Dios como María, como el padre Kolbe.
Para expresar un para siempre, a nivel mundial, se ha acuñado una palabra forever (para siempre)
para que la entiendan todos sin malentendidos por el idioma.
Forever para recibir y anunciar el Rostro de Dios Amor.

Angela Esposito



[1] Cf. EK 530
[2] Cf. Papa Francisco, mensaje a las familias, 15-2-2014.

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