domingo, 13 de septiembre de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE SEPTIEMBRE 2015

Padre Kolbe “madre”
 “Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.” (Jn 12,32)
 “De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia.” (Jn 1,16)

Y así sucede por cada vida que se dona. El padre Kolbe, totalmente entregado a la “Llena de Gracia”, a Aquella que ha sido transformada por la ternura de Dios, transforma en humano el deshumanizado campo de concentración de Auschwitz hasta donar su propia vida.
De la muerte del padre Kolbe, crucificado por amor, muchos han recibido luz y fuerza contemplando su testimonio de vida. “Yo creo, dirá un día uno de sus primeros compañeros de Niepokalanów, que nunca un padre o una madre hayan amado a sus hijos con tal afecto y ternura como el padre Maximiliano los ha amado.”

Deportado a Auschwitz, donde llegó el 28 de mayo de 1941, su única preocupación era no dejar escapar las ocasiones de brindar caridad hacia los otros. A todos les ofrece una mano llena de amor, por todos reza, sufre y a todos les desea el bien, la felicidad ya que es Dios quien lo quiere[1].
Maximiliano es enviado a los trabajos forzados, cae extenuado en la tierra y a quién lo socorre,  despotricando contra el guardia jefe Krott, él le dice suavemente: “¡No lo hagas! El odio no es fuerza creadora. Es sólo impotencia, ¡impotencia de amar!”

Se lo ve empujar carretillas llenas de piedras: una patrulla lo encontró un día bajo un cúmulo de hojas, donde sus guardias lo habían arrojado después de haberlo golpeado hasta sangrar. Fue transportado a la enfermería, un joven enfermo le sacó con violencia un vaso de leche que el médico le estaba ofreciendo al padre Kolbe que se encontraba indefenso y con fiebre. El joven ladrón miró a Maximiliano y le dijo al médico desorientado por lo que había ocurrido y dijo: “yo no creo en Dios, pero él sí”.
En la enfermería le asignan el último lugar que quedaba libre, en medio de la corriente de aire de la puerta de ingreso. Lo valorizó mucho pues esto le permitía acoger a los enfermos con una cálida palabra y le permitía rezar cuando llevaban a las personas que fallecían.

Junto a un compañero de detención le dieron el compromiso de transportar los cadáveres. El pobre temblaba cuando los llevaba al horno crematorio y el número 16670 rezaba y los bendecía en medio del humo del horno.

Durante la noche con la complicidad de las tinieblas, algunos prisioneros iban a ver a Maximiliano para ser confortados. Un testigo cuenta: “Cuando al cabo de mi tarea diaria me acercaba a Él me apretaba a su pecho como una madre a su hijo… Yo me sentía especialmente confortado con sus insistencias: “Toma la mano de Cristo en una mano y la de María en la otra. Entonces, aun estando en tinieblas, podrás ir adelante con la confianza de un niño guiado por sus padres. Tengo una enorme deuda con su corazón maternal”.[2]

 “A menudo era golpeado por los guardias y los jefes. Comencé a pensar de tirarme sobre el alambre de púa con corriente y terminar con mi vida allí… el padre Kolbe lo supo. Me habló y me devolvió la serenidad. Sabía infundir en mí y en los demás, coraje... yo lo llamo el apóstol de Auschwitz”. Cuando los grupos de detenidos podían reunirse en torno a él, sin suscitar la sospecha de los guardias, él les hablaba de Dios, de la fe, de los valores sublimes de la vida cristiana y  aquellos hombres, tan probados y con la muerte en el corazón, parecían revivir.

“A los 13 años me encontraba en el infierno de Auschwitz. Solo, con mis padres asesinados. Mientras caminaba, buscando alguien con quien compartir mi dolor, el padre Kolbe me encontró y me habló. Para mí fue como un ángel y, como una madre, me tomó entre sus brazos. Secaba siempre mis lágrimas y mi vida volvió a florecer.”
  Foto tratta da I Labirinti di Marian Kołodziej

 Cuando se dona por un prisionero se entrega por todos, acompañándolos hacia el bunker: fray Ladislao comenta su actuar cuando se dirige al lugar de la muerte: “Las diez víctimas pasaban por delante de mí y vi que el padre Kolbe se tambaleaba bajo el peso de uno de los condenados. Él lo sostenía a este hombre que no era capaz de caminar con sus propias fuerzas.”

El padre Kolbe, como una madre da, no pide nada. No pretende, ofrece. No exige nada y dona todo. Después de haber regalado el pequeño trozo de pan, se dona a sí mismo. Se da a sí mismo para transformar los hombres de Auschwitz de bestias en hermanos. Es esta ternura de amor que cambia la vida para siempre. El padre Kolbe es luz para quien se acerca, porque cree que el bien es posible también en situaciones que parecen negarlo. “Su muerte significó la salvación de miles… y mientras vivamos, nosotros, los que estuvimos en Auschwitz, inclinaremos nuestras cabezas en memoria de ella… Fuimos impactados por ese acto, que se convirtió para nosotros en una poderosa explosión de luz en la oscura noche del campo.”[3]

A San Maximiliano se pueden aplicar muy bien las palabras de una de las más grandes poetisas italianas, Alda Merini, que así escribe: “Sus ojos nacidos para la caridad, exentos de cualquier cansancio, no se cerraban nunca, ni de día ni de noche, porque no querían perder de vista a su Dios”.
Angela Esposito
Harmęże - Polonia



[1] Cfr. EK 1075.
[2] Patricia Treece, Maximiliano Kolbe, un hombre para los demás. Ed. de la Inmaculada. 177-178.
[3] Patricia Treece, Maximiliano Kolbe, un hombre para los demás. Ed. de la Inmaculada. 223-224.


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EXPOBIBLIA 2015

En la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y San Maximiliano Kolbe, este domingo 13 de septiembre se realizó una Expobiblia con diferentes dinámicas, juegos y mucho más... con el objetivo de un mayor acercamiento a la Palabra de Dios y ayudar a conocerla mejor. En horas de la tarde se realizó el Festiva Bíblico donde los niños que se preparan a la Primera Comunión escenificaron pasajes bíblicos...











Cochabamba - Bolivia

jueves, 13 de agosto de 2015

LA CELDA DEL AMOR SIEMPRE ABIERTA - 14 DE AGOSTO 2015

 Padre Kolbe, hombre “hecho oración.”

 “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.” (Hech 1,14)
La primera característica de la oración “junto a María” es una oración perseverante. El autor, para expresar esta característica de la comunidad, usa un término griego (proskarterountes) que es muy significativo para describir la oración: es constante, asidua, sin descansos. Es una oración continua. Persistir en la oración significa pedir y no rendirse nunca, no descansar y no dar descanso a Dios. San Maximiliano afirma esta expresión diciendo: “la oración obliga a Dios”1. Perseverancia significa, además, aferrarse cotidianamente a la palabra, volver a empezar desde ella, para hacer nuevo cada día. Significa saber quedarse en la oración a fin de que se transforme en contemplación. Dice Jesús, “solo quien persevera en la oración, se salvará”2. Quien sabe rezar así, aprende la ley de gratuidad, de la alabanza, del tiempo “perdido” y ofrecido a Dios.
La segunda característica de la oración con María es “concorde”, es decir es hecha con un solo corazón con una sola alma. María se hace así la perfecta orante dentro de la asamblea eclesial.
Oración perseverante y concorde: dos características siempre presentes en la vida del padre Kolbe. A menudo sus hermanos le preguntaban: “¿cómo y cuándo rezar?”. Él respondía con pocas palabras pero muy claras: “se necesita rezar siempre y bien”.
San Maximiliano nos ha dejado una rica herencia escrita sobre la oración. Releemos uno de sus tantos escritos:
“La oración es un medio desconocido y sin embargo el más eficaz para restablecer la paz en las almas, para proporcionales la felicidad. La oración hace renacer el mundo… recemos bien, recemos mucho, tanto con los labios como con el pensamiento… y nuestros pecados se desvanecerán y nuestros defectos se debilitarán y nos acercaremos cada vez más a Dios con suavidad y fuerza. En la medida que ardamos cada vez más de amor divino podremos inflamar de amor semejante a los demás”.3
Profundamente convencido de la necesidad de mantener una profunda armonía entre la acción y la contemplación, entre la vida de oración y la acción, afirma: “la actividad externa es buena, pero obviamente, es de secundaria importancia y más aún si la confrontamos con la vida interior, con la vida de recogimiento, de oración, con la vida de nuestro amor personal hacia Dios”.4 2
La oración aparece así como un dinamismo interior de la acción apostólica. En este sentido san Maximiliano alcanza una unidad de vida tal que se puede decir que él, como lo que se decía de san Francisco, que no era un hombre que rezaba, sino un hombre hecho oración.
El francisco del siglo XX, el hombre hecho oración, exhorta a sus hermanos a cultivar la unión con Dios:
“En un sector vi una hojita en la que estaba escrito que no es suficiente hacer las cosas, era necesario hacerlas rápidamente. Trabajar con rapidez es una cosa buena, pero dentro de algunos límites; fácilmente, se puede perder el espíritu de oración. Cuando se hace un trabajo comprometedor es necesario detenerse a menudo para rezar alguna jaculatoria o hacer oraciones cortas. Sin el espíritu de oración el alma puede convencerse de hacer mucho, se transforma como una lancha que navega velozmente pero está destina a estrellarse”5.

Por lo tanto, es necesario rezar siempre y bien, independientemente del lugar y del tiempo, de las condiciones externas e internas. La oración es la fuente más importante y eficaz de cualquier acción. Sabiendo bien que dentro de un aparente éxito se puede esconder una gran esterilidad, el padre Maximiliano nos invita a pensar en los que nos dice Jesús:
“… Yo soy la vid, ustedes los sarmientos, el que permanece en mí y yo en él, da muchos frutos porque separados de mí nada pueden hacer”6. El salvador no nos dice que sin él no podemos hacer muchas cosas, sino que no podemos hacer nada, absolutamente nada. La fecundidad del trabajo por lo tanto, no depende de la capacidad, del dinero, si bien esto también es necesario, pero solamente y únicamente en comunión con Dios.”
Inmerso en Dios, ofrece su vida por un desconocido. En el bunker de la muerte la última oración es para el doctor Bock, el médico nazista que le aplicó la inyección de ácido fénico, Maximiliano reza la última Ave María, tendiéndole el brazo y mirándolo a los ojos.
La última oración del padre Kolbe no es para los amigos, no es para un pariente, es para quien lo elimina del escenario de la vida. Lo quiere salvar.

Ángela Esposito
Harmęże – Polonia

1 EK 634.
2 Mt. 24, 13.
3 EK 903

4Ibid. 
5 CMK

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MENSAJE DE GIOVANNA VENTURI - DIRECTORA GENERAL DE LAS MIPK EN OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN MAXIMILIANO KOLBE



lunes, 13 de julio de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE JULIO 2015

Padre Kolbe, hombre de mansedumbre

A la luz de la Palabra de vida, “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29), nos introducimos en el corazón de la reflexión de este mes, Padre Kolbe, hombre de mansedumbre.

Muchas veces esta frase ha sido manipulada para someter a las personas. Pero lo que Jesús quiere decir es justamente lo contrario. Pide a la gente de alejarse de los maestros de religión, de aquella época y de cada tiempo, de separarse y de comenzar a aprender de Él, de Jesús, que es “manso y humilde de corazón”

El complemento “de corazón” no es una expresión más, sin importancia. Indica que las disposiciones de Jesús se arraigan en su interioridad e implican a toda su Persona. A vivir se aprende, aprendiendo “el corazón de Dios”. Y la escuela es la vida de Jesús, este hombre sin poderes, que nada ni nadie ha podido manipularlo. Aprendan mi modo de amar: humilde, sin arrogancia, y manso, sin violencia.

La mansedumbre es la hermana gemela de la humildad. Jesús no impone nada a nadie. Su anuncio es un don, un regalo, su amor es gratuito.

Jesús, el Maestro “manso”, aparece como un hombre agobiado, vencido, más aun, ajusticiado. ¿Qué se  gana entonces con ser manso? “Felices los mansos porque recibirán la tierra en herencia” (Mt. 5,4).

Si tenemos en cuenta la época que estamos viviendo, podemos afirmar que estamos diciendo cosas pasadas de moda. Pero pensemos que podría suceder en el mundo si no fuéramos esta presencia de mansedumbre. Con este motivo comencemos un “viaje” en busca de personas mansas. Un ejemplo de mansedumbre la encontramos en el Padre Maximiliano Kolbe que viene a nuestro encuentro y camina con nosotros para recordarnos “Que sólo el amor crea, el odio destruye, no es fuerza creadora”.

Con su vida “ofrecida por” San Maximiliano nos dice que es posible ser manso. El no ha sido absorbido por la historia. En el campo de concentración se convierte en el número 16670, es decir nada entre otros miles de nada. Parece abatido, una persona destruida por un poder casi invisible. Conclusión de esta parábola de vida: ha sido uno de los pocos vencedores, uno de los pocos que han desafiado el muro de la desesperación, del no sentido. ¡En un lugar violento ha encendido la esperanza!
No tenemos que tener miedo de perecer vencidos: seremos vencedores.

¿Quién le dio al Padre Kolbe, “el manso y humilde franciscano”[1], la fuerza de ir contra corriente y ser así una presencia profética? La Inmaculada, la mujer del magníficat, “El himno más fuerte e innovador que se ha pronunciado”[2]  María revela el rostro de misericordia y de ternura, de mansedumbre y de gratuidad de Dios que se inclina sobre nuestras miserias y “da vuelta” las situaciones: el soberbio será bajado, y el humilde será ensalzado.

“Si alguien se imagina ser algo, se engaña porque en realidad no es nada”[3].  El Padre Kolbe exhorta a “evitar todas aquellas palabras que pueden atraernos la gloria, la estima y el aprecio de los demás”[4]. Desde que era un joven fraile[5] escribe: “La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Obstáculos: soberbia, amor propio. “El amor propio es odio hacia sí mismo; es el peor enemigo, poco conocido, que sabe esconderse bien poco combatido, motivo de preocupaciones”[6].

En las relaciones con las personas la mansedumbre se reviste de paciencia. No de aquella que se aprende con técnicas humanas, con ejercicios de relajación. El Padre Kolbe ha conocido al Dios paciente fijando la mirada sobre el libro de la cruz y entendió que la cosa más importante es confiar en Dios, entrar en su lógica y acoger sus tiempos. Completamente abandonado en el Señor Jesús, se dispuso a acoger al hermano con todas sus dificultades, como un don de gracia del Señor.

Mansedumbre es ausencia de toda dureza, imposición o violencia. En latín “mitis” se refiere al tacto, al sabor y en particular al sabor característico del fruto maduro, Se opone al vocablo “immitis” o “acerbus”. Por lo tanto al término mansedumbre se asocia fácilmente la idea de madurez, de suavidad. Entonces ¿Quién es manso? Una persona madura. Y la persona madura es dulce, mansa, no arrogante, no se cree con derechos y vanagloria, no se cree importante.

Felices nosotros si hacemos la guerra, no a los otros, sino a nuestro orgullo, a nuestro yo que tiende siempre a imponerse, a prevalecer, a sobresalir.
Felices nosotros si con insistencia pedimos: dónanos Señor, un corazón manso que sepa responder a un insulto con una silenciosa bendición. Haznos capaces de hacer el bien a aquellos que nos hacen el mal.



Angela Esposito
Harmęże - Polonia



[1] Pablo VI, Beatificación 17 octubre 1971.
[2] Ibid.
[3] Gal. 6,3
[4] EK 969
[5] Ejercicios espirituales de 1917.
[6] Cf. EK 968.


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sábado, 13 de junio de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE JUNIO 2015

Conclusión de la reflexión Padre Kolbe, 
Testimonio de alegría

Recojamos algunos fragmentos de la alegría del Padre Kolbe desde sus variadas expresiones y experiencias.

 “El fin de la Milicia de la Inmaculada es conquistar el mundo entero, todos y cada uno de los corazones para la Reina no solo del cielo sino también de la tierra; dar felicidad verdadera a aquellos pobres infelices que la buscan en los placeres efímeros de este mundo”[1].

El pensamiento del Padre Kolbe concluye inmediatamente en una estrategia apostólica, en involucrar a otros en su sueño de donar felicidad: “Es necesario inundar la tierra con un diluvio de prensa cristiana y mariana, en cada idioma, en cada lugar, para ahogar en los remolinos de la verdad cada manifestación de error  y  que ha encontrado en la prensa la más potente aleada, es necesario envolver el mundo de prensa con palabras de verdad para devolver al mundo el gozo de vivir”.

Al Perfecto  de Varsovia describe el estilo de la vida de la Ciudad de la Inmaculada: “Habitamos en barracas de madera, vivimos de limosna y nos privamos hasta de las comodidades más corrientes; somos nosotros mismos los que se afanan para publicar la revista, trabajando a veces más allá de nuestras fuerzas, en el espíritu de nuestra vocación, con tal de conquistar el mayor número posible de almas para la Inmaculada y así elevarlas y hacerlas felices de la manera más autentica”[2].

El padre Kolbe les habla a los miembros de la M.I. sobre las maravillas que Dios ha realizado en la Inmaculada y por esto es necesario alegrarse y dirigirse a Ella con confianza y con un amor siempre  más grande[3].

 “Alegrarse de las maravillas que Dios ha realizado en la Inmaculada y realiza continuamente en nosotros. Nosotros proclamamos que a través de la Inmaculada lo podemos todo: demostrémoslo, pues,  con la acción. Pongamos en Ella nuestra confianza, oremos y vayamos adelante en la vida con tranquilidad y serenidad”[4].

Esta disponibilidad a la donación total y a la misión incondicional de la caridad, el Padre Kolbe la expresará también en los últimos momentos de su vida. Fray Marcelo Pisarek nos trasmite las últimas palabras del santo en la vigilia de su primer arresto: “Dios puede todo y se dona al alma que se ha consagrado a Él.  Entre Dios y el alma se establece el flujo y reflujo del amor. ¡Qué indecible felicidad! Qué gracia grande es aquella que puede sellar con la vida el propio ideal”. Y en el bunker de la muerte padre Kolbe “soportaba todo con alegría, no pedía nada y no se lamentada nunca,  se quedaba en el fondo sentado, apoyado en la pared… Después los condenados comenzaron a morir… “Cuando abrí la puerta de hierro – es su carcelero que lo cuenta – no vivía más, pero se me presentaba como si estuviera vivo. Aun estaba apoyado en la pared. La cara era radiante de un modo insólito. Los ojos muy abiertos y fijos en un punto. Toda la figura estaba como en éxtasis. No me lo olvidaré jamás”[5].

En verdad se puede decir del padre Kolbe: ha vivido para  donar la alegría al mundo entero y a cada persona que ha encontrado en su camino. Escuchemos una voz entre tantas otras. Con estupor el príncipe Drucki-Lubecki cuenta : «Cada uno se sentía feliz por el solo hecho de estar con él, no importaba lo que estaba haciendo».

La fe es contagiosa y nuestra generación está fascinada de testimonios, de hombres y mujeres con corazón ardiente y el corazón del Padre Kolbe quema de amor por Dios, por la Inmaculada y por el mundo entero. Para el Padre Kolbe la alegría es algo contagioso, que tiene en sí una energía de expansión: por esto la alegría para el cristiano es un compromiso apostólico y misionero en relación con los otros.

Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo[6].

Con un salto en el tiempo, llegamos a nuestros días y leemos en la carta Alégrense:
“En un mundo de desconfianza, desaliento, depresión… estamos llamados a trasmitir confianza en una felicidad verdadera, que se apoye en Dios”[7].

“Todos los redimidos por la Sangre de Jesús, sin ninguna excepción, son nuestros hermanos. A todos, el apóstol, les desea la verdadera felicidad, que se les inflame el corazón de amor a Dios, un amor sin límites. La felicidad de toda la humanidad en Dios por medio de la Inmaculada: he aquí su sueño”[8].                                                                                                   
En este mundo donde hay tanta tristeza y tanta alegría superficial, apurémonos a llevar a todo el mundo la Buena Noticia, para llevar a todos la alegría incontenible de la presencia del Señor Jesús. Un Dios enamorado de nosotros. Esto nos hace llorar de alegría. Hagámonos personas de alegría, de la sonrisa y del buen humor para ser apóstoles de un nuevo ministerio, el ministerio del buen humor y del optimismo cristiano.


Angela Esposito
Harmęże - Polonia




[1] EK 97.
[2] EK 180.
[3] Cf. CMK 56.
[4] EK 935.
[5] Bruno Borgowiec.
[6] Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 80.
[7] Alegraos, Carta a los consagrados, n° 8.
[8] EK 1088

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miércoles, 13 de mayo de 2015

LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA - 14 DE MAYO 2015

Meditación, mayo 2015

“Padre Kolbe, testimonio de alegría”




Nos introducimos en la segunda parte de nuestra reflexión: “Padre Kolbe, testimonio de alegría”, con la pregunta-respuesta del texto con el cual nos despedimos el mes anterior: “¿Cuál es, por lo tanto, la felicidad que el hombre desea? Una felicidad sin límites… en cuanto a la intensidad, la grandeza, la duración o cualquier otra cosa”1. El secreto de la felicidad lo dice Jesús en los Hechos de los Apóstoles: “La felicidad está más en dar que en recibir”2. La felicidad no consiste en lo que los otros nos hacen, nos dan: siempre quedaremos descontentos. La felicidad plena consiste en lo que nosotros hacemos por los otros con el regalo de nosotros mismos. La alegría aparece en los escritos de san Maximiliano y en las conferencias como la modalidad de cómo se hacen y se viven las cosas. La presencia de la alegría es la señal que una realidad se vive bien, y es vivida con la actitud justa.
El Padre Maximiliano, cuando habla de alegría, dice también de donde nace. Nace de la relación profunda con Dios, con la Inmaculada, las relaciones entre hermanos: éstos, son los hábitats naturales donde crece la alegría. El que cree que la historia del mundo no está en las manos del destino ciego, sino en las manos del Padre, éste podrá permanecer siempre alegre y sereno. La alegría del misionero se caracteriza por servir a Jesús por medio de la Inmaculada: “No tienen idea de cuán dulce es servir fielmente a Dios y a la Inmaculada”3. En la escuela de María se descubre amado por Dios y capaz de amar a los hermanos. Goza por la presencia de cada uno. Se alegra que Niepokalanów crezca, que la Orden crezca.
Escribiendo al Padre Provincial por algunas cuestiones, subraya que “en Niepokalanów el espíritu es muy bueno, todos aman a la Inmaculada y desean ponerse a su servicio con todo el corazón. ¡Todo para agradecer! Lo que le llama la atención a los que llegan es la serenidad y la felicidad que se refleja en cada rostro”.
Maximiliano, hablando de su experiencia en Japón, escribe: “nosotros somos religiosos, por lo tanto debemos continuamente ejercitarnos para ser gentiles y delicados. A veces sucede que una persona de fe, frente a los de afuera, es como un ángel de gentileza, pero no es así para con sus hermanos, los que viven a su lado, quiere decir que la cortesía es muy superficial. No podemos ser sepulcros blanqueados, tenemos que aspirar a tener un corazón delicado por amor y respeto hacia los otros y ser gentiles siempre”
Con la Inmaculada en el corazón, el p. Maximiliano habla a sus hermanos de la verdadera alegría, que no consiste en chistes tontos y banales, en carcajadas vacías. Para él, una sonrisa, una palabra simpática y alegre, cosas que de por sí son buenas, pueden transformarse en obstáculo e impedimento en el camino de la santidad, si son llevadas al exceso. La verdadera alegría nace allí, donde hay un poco de sacrificio, de lucha, de esfuerzo4. Y es más profunda que un simple sentimiento o emoción.
1 EK 1296
2 Hech. 20, 35
3 EK 149; 113

Ladislao Dubaniowski, un compañero del seminario, recuerda que “también en las pruebas y en las dificultades no se desanimaba nunca y no caía nunca en el desaliento; decía con alegría: “la próxima vez todo saldrá mejor”5.
El Padre Maximiliano contando los hechos misioneros en Japón, testimonia como Dios le dona a él y a sus cohermanos la alegría en medio de las pruebas porque "sólo quién reza puede vencer todo. A pesar de estas dificultades Dios dona muchos consuelos. La consolación siempre es más grande que las dificultades”6.
Consciente que, en la relación con Dios (como en cada relación) hay un tiempo para la alegría y también para la prueba y la duda, afirmaba con convicción: “Con alegría, (no quiere decir que no se siente el dolor) aunque en la prueba uno se entrega a la voluntad de Dios… y la prueba de amor más grande es cuando parece que Dios nos ha abandonado, y soportamos todo con alegría, experimentando la verdad de las palabras de Jesús en la Cruz: “Todo se ha cumplido” (Jn. 19, 30)” 7
Para el Padre Maximiliano, entonces, la alegría tiene que habitar en el corazón del hombre también en las dificultades y en las pruebas de la vida. Nos invita a no perder la paz, a mantener la alegría también en las caídas. “En caso de una caída nunca hay que entristecerse porque esta es una soberbia punzante, al contrario, levantarse enseguida con gran amor y alegría de espíritu y seguir caminando. Reparar la caída con un acto de amor perfecto”8. Vivir con serenidad y alegría los propios errores: “Antes de la caída Satanás nos tienta con el pensamiento de minimizar el pecado, no es tan grave, después de la caída agranda el pecado, grita que esta mancha quedará para siempre. Si después de la caída meditásemos y pensásemos que también la caída puede ser útil para la gloria de la Inmaculada, nos sentiremos distintos. Me alegro de mis debilidades, porque el amor de Jesús se muestra mejor en las debilidades, como dice San Pablo (cf.2Cor 12,9)”9.

Angela Esposito

Harmęże - Polonia