Maximiliano:
un
hombre feliz
Novena a San Maximiliano Kolbe
Primer día (o 5 de agosto)
«Feliz de ti, Maximiliano,
porque confiaste en Dios».
Oración inicial (para todos los
días)
En el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.
San Maximiliano,
tú que, después de haber
gastado tu vida
por el anuncio del Evangelio
a todos los hombres,
ofreciste tu vida
en el campo de
concentración,
para que una familia no
fuera privada
del esposo y del padre,
haznos comprender
que la familia es un don
precioso,
por el
cual vale la pena luchar y sacrificarnos.
Tú que te dejaste guiar por la Virgen María
y en Ella encontraste la
fuente de todas
las gracias, haz que
experimentemos
la fuerza de Su intercesión,
y lleguemos a ser fieles
discípulos de Jesús.
Mira con bondad a nuestra
familia
y a todas las familias del
mundo,
e intercede para que
obtengamos las gracias
que más necesitamos, en
particular
la unidad y el amor
recíproco.
Acompáñanos siempre en
nuestro camino. Amén.
De la Palabra de Dios:
«Yo confío en Ti, Señor, y te digo: Tú eres mi
Dios, mi destino está en tus manos. Feliz el hombre que pone su confianza en el
Señor» (Sal 30).
De los Escritos del Padre Kolbe:
«¿Qué debemos hacer en tiempos difíciles? Confiar en Dios. Por medio
de esta confianza, aunque no entendamos directamente las cosas y los
acontecimientos, damos a Dios una gran gloria, ya que nos abandonamos en su
sabiduría, en su bondad y en su poder».
A cada invocación respondemos:
Ruega por nosotros.
-
San Maximiliano, que pusiste tu confianza en el
Señor...
-
San Maximiliano, que te dejaste conducir por el
Espíritu...
-
San Maximiliano, que viviste sereno en tiempos
difíciles…
Cada uno puede
agregar sus invocaciones.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Oración: Padre bueno, concédenos, por intercesión de San
Maximiliano, una gran confianza en Ti, que eres nuestra Roca y nuestro Refugio.
Que en toda circunstancia de nuestra vida seamos capaces de abandonarnos como
niños amados en tus manos de Padre. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén.
Propósito de vida: Hacer, a lo largo
del día, en las pequeñas cosas cotidianas, actos concretos de abandono confiado
en las manos del Padre.

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