Amigos y amigas que puedan hacer experiencia de este nuevo proyecto de oración a San Maximiliano Kolbe, confiándole todo nuestro hacer y quehacer cotidiano, sobre todo aquello en lo cual tenemos necesidad de impetrar su intercesión...
MEDITACIÓN ENERO 2014:
Recordando con el Padre Kolbe el 27 de enero
Alégrate llena de gracia: el Señor está contigo (Lc 1,28)
María
es una niña de Nazaret humilde y poco más que adolescente y sin embargo en ella
se posó la mirada de Dios que la ha elegido desde siempre como madre del
Salvador.
La
Inmaculada, como ama llamarla el Padre Kolbe, es por lo tanto, “fruto del amor
de Dios que salva al mundo” y toda su vida es un sí a aquel amor. María escucha
y responde: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
María con su sí cambió la historia de la humanidad.
“Llena
de gracia”: el verbo griego es
“kecharitomene” y expresa fundamentalmente el amor gratuito. El verbo está en
pasivo, esto significa que el que cumple la acción es Dios. Está usado en
imperfecto, porque se trata de una acción estable en el tiempo y significa:
“amada gratuitamente por Dios para siempre. El amor de Dios es gratuito. Por el
contrario, el amor que debo merecerme asusta porque me suscita continuamente
una pregunta: ¿lo habré merecido? El amor de Dios no se merece. Se recibe.
Gracias a ese amor que recibo y acojo, cada yo de poder se transforma en un yo
hospitalario, un yo que sabe hacer espacio al otro. Se autolimita y así el
poder se transforma en servicio. “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). Una
palabra que se hace carne en María y hace posible lo imposible, hace posible
que Dios se haga hombre y que el hombre se haga Dios. El hombre se convierte en
lo que recibe. María recibe, acoge a Dios y se convierte en morada de Dios. Si
recibimos a Dios, fuente de paz y alegría, también nosotros donaremos paz y
alegría.
“Llena
de gracia”: Dios lo repite
todavía hoy para nosotros y fija su mirada de amor sobre cada hombre y cada
mujer. Y este “proyecto de amor” Dios lo renueva cada vez que también nosotros
decimos nuestro sí. Diversamente nuestra existencia se carga de miserias y
podremos todos reencontrarnos en un Auschwitz sin tiempos y continuar
preguntándose: “¿Dónde estabas Dios?” El Señor Jesús nos conceda el coraje de
escuchar la respuesta por boca de San Juan de la Cruz: “Señor, mi Dios, no te
alejes de quien se aleja de Ti: ¿cómo pueden decir que Tú estás ausente?”
Dios
es eterno presente y el hombre puede así comenzar a hacer memoria y a recordar.
El 27
de enero de 1945 el mundo descubre Auschwitz, lugar de muerte, símbolo del
exterminio, de la destrucción de un pueblo, víctima de la locura nazifascista.
No
podemos, no debemos olvidar el sacrificio de las víctimas, la ferocidad de los
verdugos para que la humanidad no se encuentre más viviendo tales
acontecimientos, buscamos de comprender el significado profundo de la memoria
que celebramos el 27 de enero de cada año. Nos dirigimos, entonces, a una guía
autorizada el Padre Kolbe, poniéndonos en escucha: él nos habla de hechos
pasados pero que podrían representarse hoy con una violencia aún mayor e
inaudita ¿Más que ayer? Sí, porque el mal encuentra caminos más sofisticados e
impensables, para convencer al hombre a escuchar su voz y no la de Dios que nos
dice a cada uno: “Te amé con un amor eterno”. ¿Siempre? Siempre, nos responde
el padre Kolbe y a este punto, nuestra guía se hace más atenta y premurosa y
desea alejar de nosotros el equívoco siempre antiguo y siempre nuevo y nunca completamente
resuelto: “¿Dios existe? ¿Y si existe por qué no nos libra del mal? ¿Por qué
nos deja solos? Padre Kolbe nos saca de la duda y con nosotros se encamina
hacia Auschwitz para recordarnos, que debemos hacer silencio y volver a
escuchar la palabra de Dios. La palabra de su amor único y eterno hacia cada
uno.
Para
hablarnos del amor de Dios, el padre Kolbe lo hace a su modo, hablándonos con
hechos. Hechos de vida. Aunque nos habla en tercera persona, nosotros sabemos
que está hablando de él. Estamos en el bloque 11, en la celda subterránea de
Auschwitz, el bunker del hambre, que representa el signo más trágico de una
dignidad pisada y desfigurada. Aquí estuvo encerrado el padre Kolbe junto a
otros nueve prisioneros. Después de algunos días de cautiverio, uno de los
prisioneros que no quiere resignarse a su terrible suerte, le pregunta al padre
Kolbe: Desde decenas de millones de años la guerra es negativa, es mala, es
destructora: las personas se matan y también nosotros muy pronto estaremos
muertos. Nos explica padre el porqué de lo que nos pasa.”
Nuestra
guía con gran dolor y profunda serenidad, responde: No estamos hechos para
comprender, nosotros estamos hechos para amar. Amen, amen no obstante todo,
ámense hasta el último instante como Jesús los ama, como yo los amo. No sé
decir más, no sé cómo explicar este misterio de vida y de muerte, de bien y de
mal. Se sólo que este infierno podría transformarse en gracia si comenzamos
desde ahora a amarnos como Dios nos ama. No puedo darles ninguna explicación
porque soy yo mismo un pobre hombre. Pero recen a Jesús, recen a la Virgen y la
luz llegará.” Pronunciadas estas palabras el padre Kolbe se retira en silencio.
También nosotros hacemos silencio para escuchar una voz que grita: “nunca más
crímenes contra Dios y contra el hombre”.
27
de enero: una fecha y una consigna.
Esto nos recuerda a cada uno de nosotros nuestra vocación más profunda: “ser
amados, ser transformados por el amor”. El padre Kolbe nos invita a mirarla a
Ella, la Inmaculada, a dejarnos conducir por Ella, con su ayuda deseamos no
olvidar nunca que “no estamos hecho para comprender, sino que estamos hechos
para amar”. Cada mañana, cada despertar, escuchemos la voz de Dios que susurra:
“Yo te amo, yo te amo, yo te amo” y la paz habitará siempre en nosotros y en
medio de nosotros.
Angela Espósito
Por la comunidad

No hay comentarios.:
Publicar un comentario