domingo, 26 de enero de 2014

DESPEDIDA DE SILVANA MATTOS



Mientras le agradecemos a Silvana los años compartidos en nuestra comunidad, confiamos a Dios y a su Madre Santísima su nueva Misión en Montero - Santa Cruz.

GRACIAS SILVANA!


"LA CELDA DEL AMOR, SIEMPRE ABIERTA"


 DESDE EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN AL MUNDO ENTERO...


Amigos y amigas que puedan hacer experiencia de este nuevo proyecto de oración a San Maximiliano Kolbe, confiándole todo nuestro hacer y quehacer cotidiano, sobre todo aquello en lo cual tenemos necesidad de impetrar su intercesión...

MEDITACIÓN ENERO 2014:



Recordando con el Padre Kolbe el 27 de enero


Alégrate llena de gracia: el Señor está contigo (Lc 1,28)

María es una niña de Nazaret humilde y poco más que adolescente y sin embargo en ella se posó la mirada de Dios que la ha elegido desde siempre como madre del Salvador.
La Inmaculada, como ama llamarla el Padre Kolbe, es por lo tanto, “fruto del amor de Dios que salva al mundo” y toda su vida es un sí a aquel amor. María escucha y responde: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra”. María con su sí cambió la historia de la humanidad.
“Llena de gracia”: el verbo griego es “kecharitomene” y expresa fundamentalmente el amor gratuito. El verbo está en pasivo, esto significa que el que cumple la acción es Dios. Está usado en imperfecto, porque se trata de una acción estable en el tiempo y significa: “amada gratuitamente por Dios para siempre. El amor de Dios es gratuito. Por el contrario, el amor que debo merecerme asusta porque me suscita continuamente una pregunta: ¿lo habré merecido? El amor de Dios no se merece. Se recibe. Gracias a ese amor que recibo y acojo, cada yo de poder se transforma en un yo hospitalario, un yo que sabe hacer espacio al otro. Se autolimita y así el poder se transforma en servicio. “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14). Una palabra que se hace carne en María y hace posible lo imposible, hace posible que Dios se haga hombre y que el hombre se haga Dios. El hombre se convierte en lo que recibe. María recibe, acoge a Dios y se convierte en morada de Dios. Si recibimos a Dios, fuente de paz y alegría, también nosotros donaremos paz y alegría.
“Llena de gracia”: Dios lo repite todavía hoy para nosotros y fija su mirada de amor sobre cada hombre y cada mujer. Y este “proyecto de amor” Dios lo renueva cada vez que también nosotros decimos nuestro sí. Diversamente nuestra existencia se carga de miserias y podremos todos reencontrarnos en un Auschwitz sin tiempos y continuar preguntándose: “¿Dónde estabas Dios?” El Señor Jesús nos conceda el coraje de escuchar la respuesta por boca de San Juan de la Cruz: “Señor, mi Dios, no te alejes de quien se aleja de Ti: ¿cómo pueden decir que Tú estás ausente?”
Dios es eterno presente y el hombre puede así comenzar a hacer memoria y a recordar.
El 27 de enero de 1945 el mundo descubre Auschwitz, lugar de muerte, símbolo del exterminio, de la destrucción de un pueblo, víctima de la locura nazifascista.
No podemos, no debemos olvidar el sacrificio de las víctimas, la ferocidad de los verdugos para que la humanidad no se encuentre más viviendo tales acontecimientos, buscamos de comprender el significado profundo de la memoria que celebramos el 27 de enero de cada año. Nos dirigimos, entonces, a una guía autorizada el Padre Kolbe, poniéndonos en escucha: él nos habla de hechos pasados pero que podrían representarse hoy con una violencia aún mayor e inaudita ¿Más que ayer? Sí, porque el mal encuentra caminos más sofisticados e impensables, para convencer al hombre a escuchar su voz y no la de Dios que nos dice a cada uno: “Te amé con un amor eterno”. ¿Siempre? Siempre, nos responde el padre Kolbe y a este punto, nuestra guía se hace más atenta y premurosa y desea alejar de nosotros el equívoco siempre antiguo y siempre nuevo y nunca completamente resuelto: “¿Dios existe? ¿Y si existe por qué no nos libra del mal? ¿Por qué nos deja solos? Padre Kolbe nos saca de la duda y con nosotros se encamina hacia Auschwitz para recordarnos, que debemos hacer silencio y volver a escuchar la palabra de Dios. La palabra de su amor único y eterno hacia cada uno.
Para hablarnos del amor de Dios, el padre Kolbe lo hace a su modo, hablándonos con hechos. Hechos de vida. Aunque nos habla en tercera persona, nosotros sabemos que está hablando de él. Estamos en el bloque 11, en la celda subterránea de Auschwitz, el bunker del hambre, que representa el signo más trágico de una dignidad pisada y desfigurada. Aquí estuvo encerrado el padre Kolbe junto a otros nueve prisioneros. Después de algunos días de cautiverio, uno de los prisioneros que no quiere resignarse a su terrible suerte, le pregunta al padre Kolbe: Desde decenas de millones de años la guerra es negativa, es mala, es destructora: las personas se matan y también nosotros muy pronto estaremos muertos. Nos explica padre el porqué de lo que nos pasa.”
Nuestra guía con gran dolor y profunda serenidad, responde: No estamos hechos para comprender, nosotros estamos hechos para amar. Amen, amen no obstante todo, ámense hasta el último instante como Jesús los ama, como yo los amo. No sé decir más, no sé cómo explicar este misterio de vida y de muerte, de bien y de mal. Se sólo que este infierno podría transformarse en gracia si comenzamos desde ahora a amarnos como Dios nos ama. No puedo darles ninguna explicación porque soy yo mismo un pobre hombre. Pero recen a Jesús, recen a la Virgen y la luz llegará.” Pronunciadas estas palabras el padre Kolbe se retira en silencio. También nosotros hacemos silencio para escuchar una voz que grita: “nunca más crímenes contra Dios y contra el hombre”.
27 de enero: una fecha y una consigna. Esto nos recuerda a cada uno de nosotros nuestra vocación más profunda: “ser amados, ser transformados por el amor”. El padre Kolbe nos invita a mirarla a Ella, la Inmaculada, a dejarnos conducir por Ella, con su ayuda deseamos no olvidar nunca que “no estamos hecho para comprender, sino que estamos hechos para amar”. Cada mañana, cada despertar, escuchemos la voz de Dios que susurra: “Yo te amo, yo te amo, yo te amo” y la paz habitará siempre en nosotros y en medio de nosotros.

Angela Espósito
Por la comunidad


jueves, 23 de enero de 2014

48ª JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales
48ª JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES 
La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro
1 de junio 2014

Mensaje del Santo Padre


Queridos hermanos y hermanas:
Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas. Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.
En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.
Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social -por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar excluidos.
Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.
Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc. 10,29). La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».
Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.
No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.
Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos. 
Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.
No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (BENEDICTO XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).
Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.
Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.

Vaticano, 24 de enero de 2014, memoria de san Francisco de Sales


martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD 2013...


Os anuncio una gran alegría...: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (cf. Lc 2,10-11). Esta noche hemos escuchado de nuevo las palabras del ángel a los pastores y hemos revivido el clima de aquella Noche santa, la Noche de Belén, cuando el Hijo de Dios se ha hecho hombre y, naciendo en una humilde gruta, ha puesto su morada entre nosotros. En este día solemne resuena el anuncio del ángel, que es también una invitación para nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, a acoger al Salvador. Que los hombres de hoy no duden en recibirlo en sus propias casas, en las ciudades, en las naciones y en cada rincón de la tierra. Es cierto que en el milenio concluido hace poco, y especialmente en los últimos siglos, se han logrado tantos progresos en el campo técnico y científico; son ingentes los recursos materiales de los que hoy podemos disponer. No obstante, el hombre de la era tecnológica, si se encamina hacia una atrofia espiritual y a un vacío del corazón, corre el riesgo de ser víctima de los mismos éxitos de su inteligencia y de los resultados de sus capacidades operativas. Por eso es importante que abra la propia mente y el propio corazón a la Navidad de Cristo, acontecimiento de salvación capaz de imprimir renovada esperanza a la existencia de todo ser humano.
«Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre» (S. Agustín, Serm., 185). ¡Despierta, hombre del tercer milenio! En Navidad, el Omnipotente se hace niño y pide ayuda y protección; su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres; su llamar a nuestras puertas nos interpela, interpela nuestra libertad y nos pide que revisemos nuestra relación con lavida y nuestro modo de concebirla. A menudo, se presenta la edad moderna como inicio del sueño de la razón, como si la humanidad hubiera salido finalmente a la luz, superando un periodo oscuro. Pero, sin Cristo, la luz de la razón no basta para iluminar al hombre y al mundo. Por eso la palabra evangélica del día de Navidad – « era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre » (Jn 1,9) – resuena más que nunca como anuncio de salvación para todos. « Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado » (Const. Gaudium et spes, 22). La Iglesia no se cansa de repetir este mensaje de esperanza reiterado por el Concilio Vaticano II, concluido precisamente hace cuarenta años.
Hombre moderno, adulto y, sin embargo, a veces débil en el pensamiento y en la voluntad, ¡déjate llevar de la mano por el Niño de Belén, no temas, fíate de Él! La fuerza vivificante de su luz te alienta a comprometerte en la construcción de un nuevo orden mundial fundado sobre relaciones éticas y económicas justas. Su amor guía a los pueblos y esclarece su conciencia común de ser "familia" llamada a construir vínculos de confianza y de ayuda mutua. Una humanidad unida podrá afrontar los numerosos y preocupantes problemas del momento actual: desde la acechanza terrorista a las condiciones de pobreza humillante en la que viven millones de seres humanos, desde la proliferación de las armas a las pandemias y al deterioro ambiental que amenaza el futuro del planeta.
Que Dios que se ha hecho hombre por amor al hombre aliente a todos los que trabajan por la paz y el desarrollo integral en África, oponiéndose a las luchas fratricidas, para que se consoliden los procesos políticos todavía frágiles y se salvaguarden los más elementales derechos de los que están sumidos en trágicas situaciones, como en Darfur y en otras regiones de África central. Que lleve a los pueblos latinoamericanos a vivir en paz y concordia. Que anime a los hombres de buena voluntad en Tierra Santa, en Irak, en Líbano, donde, aunque no falten signos esperanzadores, éstos han de ser confirmados por comportamientos inspirados en la lealtad y la sabiduría; que favorezca los procesos de diálogo en la Península coreana y en otras partes de los Países asiáticos, a fin de que se superen las divergencias peligrosas y, con espíritu amistoso, se alcancen los logros de paz que tanto esperan sus pobladores.
En Navidad nuestro espíritu se abre a la esperanza contemplando la gloria divina escondida en la pobreza de un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es el Creador del universo reducido a la impotencia de un recién nacido. Aceptar esta paradoja, la paradoja de la Navidad, es descubrir la Verdad que nos hace libres y el amor que transforma la existencia. En la noche de Belén, el Redentor se hace uno de nosotros, para ser compañero nuestro en los caminos insidiosos de la historia. Tomemos la mano que Él nos tiende: es una mano que nada nos quiere quitar, sino sólo dar.
Entremos con los pastores en la choza de Belén, bajo la mirada amorosa de María, testigo silencioso del prodigioso nacimiento. Que Ella nos ayude a vivir una buena Navidad; que nos enseñe a guardar en el corazón el misterio de Dios, que se ha hecho hombre por nosotros; que nos guíe para dar al mundo testimonio de su verdad, de su amor y de su paz. (Papa Francisco).

sábado, 21 de diciembre de 2013

NOVENA DE NAVIDAD 2013 - 7 DÍA


Día 22: Las mujeres y los niños

Ya se acerca la fiesta del nacimiento del Niño Dios, y cuando es el cumpleaños de alguien, usualmente le llevamos un regalo. Preparemos ese regalo que somos nosotros mismos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Se canta

Presentación del personaje del día:
En un pesebre siempre hay, junto con los pastores, mujeres y niños que corren hacia el lugar donde ha nacido el Mesías. Y es que la vida de Jesús fue un constante reivindicar de la situación femenina e infantil en la sociedad judía: para ellos, las mujeres y los niños eran menospreciados y no se les tomaba en cuenta. Jesús, por su parte, asumía la salvación de toda la humanidad y por ello se acercaba sin temor a niños y mujeres. De hecho, el encargo más importante, anunciar la resurrección, fue dado a las mujeres. (Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede cantar)

Lectura Bíblica (Lc 1,39-56):
Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?
 Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
Palabra del Señor.

Meditación.
Una mujer embarazada y su hijo en el vientre han reconocido la maternidad divina de María. La sensibilidad femenina ha sido capaz de descubrir aquello que estaba oculto. Y María reconoce la acción del Señor en la vida de los que son socialmente marginados con el canto del Magníficat. La servicialidad, la humildad, la sencillez, la apertura a la vida, el fiarse de la mano de Dios… todas estas son cualidades que se encuentran presentes en el corazón de la madre. Y si queremos ser verdadera imagen de Dios, debemos procurar tener un espíritu de niños, libre de prejuicios y dispuesto para amar.

Se termina rezado un Padre Nuestro y un Ave María.

Despedida:
Que la alegría de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos acompañe siempre y la llevemos a los demás. Amén


NOVENA DE NAVIDAD 2013 - 6 DÍA

 Día 21: Los pastores y las ovejas

El día de hoy queremos unirnos a todos los hombres y mujeres que tienen un corazón sencillo, porque ellos son capaces de descubrir en medio de sus vidas las manifestaciones de Dios. Jesús lo ha afirmado al decir: “Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. En un momento de silencio busquemos a Dios que se hace presente en medio de nosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Se canta  
Presentación del personaje del día;
Los pastores representan a los pobres del pueblo de Israel, a aquellos que tenían su corazón puesto en el Señor y que vivían desde las necesidades de cada día que Dios es quien salva. El rey David había sido un pastor, y Yahvé le llamó para ser rey de Israel; los pastores del tiempo de Jesús son los primeros llamados a descubrir al Rey de la Gloria. Este paralelo indica cómo el Reino de Dios se manifiesta en primer lugar y se construye desde los humildes.  (Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede cantar)

Lectura Bíblica (Lc 2,15-20):
Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían.

María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. Después los pastores regresaron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado.
Palabra del Señor.

Meditación:
El pobre cree y actúa según su fe, puesto que para él la esperanza está en el Señor. Muchas veces nos llenamos de tantas cosas que dejamos de ser pobres y comenzamos a ser ricos en ideas, cosas, poderes… El pobre no da muchas vueltas y se pone rápidamente en camino, a ver según lo que le ha dicho el ángel, y no se queda con su fe, sino que la comparte con los demás. Hay dos partes importantes de nuestra fe: oír y ver. Necesitamos escuchar el evangelio, creerlo y luego ir corriendo a ver, a vivirlo, a tener la experiencia de abandonarnos en los brazos del Padre. Así, tendremos razones para alabar y glorificar a Dios, de lo contrario, nuestras alabanzas serán vacías, sin una base de la propia vida.

A cada pedido de perdón decimos: Te pedimos perdón, Señor.
Por las veces que somos orgullosos.
Por las veces que no se ver tu rostro en los humildes.
Por las veces que no somos agradecidos por lo que tenemos.

Despedida:
El Dios que enaltece a los humildes, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


viernes, 20 de diciembre de 2013

NOVENA DE NAVIDAD 2013 - 5 DÍA

Día 20: Los ángeles


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Presentación del personaje del día:
En la actualidad mucha gente habla de los ángeles, pero los presenta como seres mágicos, celestiales, que son capaces por ellos mismos de dar el bien o el mal. La visión cristiana es diferente. Los ángeles aparecen en la Biblia como aquellos seres que llevan una buena noticia de Dios a los demás, comprometen a los destinatarios del mensaje y les van protegiendo de los peligros que les amenazan. Así, los ángeles aparecen ante los pastores y les anuncian a los más pobres el nacimiento de Jesús.  (Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede cantar)

Lectura Bíblica (Lc 2,8-14):
En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.»   
Palabra del Señor.

Meditación:
En el lenguaje cotidiano, cuando a alguien se le compara con un ángel es porque ha hecho el bien a otro, y refleja en su vida el amor de Dios. Los ángeles van a anunciar a los más pobres la buena noticia del nacimiento de Jesús; son portadores de alegría y les muestran el camino a los demás para encontrar esta alegría. El coro celestial invita a glorificar a Dios con la paz, y esta no es una invitación particular para unos pocos, sino a todos los hombres porque el Señor les ama.
¿Soy portador de buenas noticias para los demás? ¿Creo y celebro verdaderamente la buena noticia del nacimiento de Jesús? ¿Soy constructor de la paz que glorifica al Señor?

Oración final

Tú has enviado, Señor, tu ángel para que camine delante de nosotros, protegiendo nuestros pasos y guiándonos hacia tus caminos; te sirves de ellos para anunciarnos buenas noticias. Enséñanos a ser buena noticia para los demás, a hacer el bien sin ninguna restricción, así construiremos la paz con nuestros hermanos y haremos realidad el Reino de Dios entre nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.