Día 21: Los pastores y las ovejas
El día de hoy queremos unirnos a
todos los hombres y mujeres que tienen un corazón sencillo, porque ellos son
capaces de descubrir en medio de sus vidas las manifestaciones de Dios. Jesús
lo ha afirmado al decir: “Bienaventurados los puros de corazón porque ellos
verán a Dios”. En un momento de silencio busquemos a Dios que se hace
presente en medio de nosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Se canta
Presentación del personaje del día;
Los pastores representan a los
pobres del pueblo de Israel, a aquellos que tenían su corazón puesto en el
Señor y que vivían desde las necesidades de cada día que Dios es quien salva.
El rey David había sido un pastor, y Yahvé le llamó para ser rey de Israel; los
pastores del tiempo de Jesús son los primeros llamados a descubrir al Rey de la
Gloria. Este paralelo indica cómo el Reino de Dios se manifiesta en primer
lugar y se construye desde los humildes.
(Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede cantar)
Lectura Bíblica (Lc 2,15-20):
Después de que los ángeles se volvieron al cielo,
los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo
que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» Fueron apresuradamente y
hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. Entonces
contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. Todos los que escucharon
a los pastores quedaron maravillados de lo que decían.
María, por su parte, guardaba todos estos
acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. Después los pastores
regresaron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído,
tal como los ángeles se lo habían anunciado.
Palabra del Señor.
Meditación:
El pobre cree y actúa según su
fe, puesto que para él la esperanza está en el Señor. Muchas veces nos llenamos
de tantas cosas que dejamos de ser pobres y comenzamos a ser ricos en ideas,
cosas, poderes… El pobre no da muchas vueltas y se pone rápidamente en camino,
a ver según lo que le ha dicho el ángel, y no se queda con su fe, sino que la
comparte con los demás. Hay dos partes importantes de nuestra fe: oír y
ver. Necesitamos escuchar el evangelio, creerlo y luego ir corriendo a ver, a
vivirlo, a tener la experiencia de abandonarnos en los brazos del Padre. Así,
tendremos razones para alabar y glorificar a Dios, de lo contrario, nuestras
alabanzas serán vacías, sin una base de la propia vida.
A cada pedido de perdón decimos: Te pedimos
perdón, Señor.
Por las veces que somos orgullosos.
Por las veces que no se ver tu rostro en los
humildes.
Por las veces que no somos agradecidos por lo que
tenemos.
Despedida:
El Dios que enaltece a los
humildes, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
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