Día 22: Las mujeres y los niños
Ya se acerca la
fiesta del nacimiento del Niño Dios, y cuando es el cumpleaños de alguien,
usualmente le llevamos un regalo. Preparemos ese regalo que somos nosotros
mismos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Se canta
Presentación del personaje del día:
En un pesebre siempre hay, junto
con los pastores, mujeres y niños que corren hacia el lugar donde ha nacido el
Mesías. Y es que la vida de Jesús fue un constante reivindicar de la situación
femenina e infantil en la sociedad judía: para ellos, las mujeres y los niños
eran menospreciados y no se les tomaba en cuenta. Jesús, por su parte, asumía
la salvación de toda la humanidad y por ello se acercaba sin temor a niños y
mujeres. De hecho, el encargo más importante, anunciar la resurrección, fue
dado a las mujeres. (Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede
cantar)
Lectura Bíblica (Lc 1,39-56):
Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin
más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de
Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su
vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú
eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo
que venga a mí la madre de mi Señor?
Apenas
llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa
tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
Palabra del Señor.
Meditación.
Una mujer embarazada y su hijo en
el vientre han reconocido la maternidad divina de María. La sensibilidad
femenina ha sido capaz de descubrir aquello que estaba oculto. Y María reconoce
la acción del Señor en la vida de los que son socialmente marginados con el
canto del Magníficat. La servicialidad, la humildad, la sencillez, la apertura
a la vida, el fiarse de la mano de Dios… todas estas son cualidades que se
encuentran presentes en el corazón de la madre. Y si queremos ser verdadera
imagen de Dios, debemos procurar tener un espíritu de niños, libre de
prejuicios y dispuesto para amar.
Se termina rezado un Padre Nuestro y un Ave María.
Despedida:
Que la alegría de Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo nos acompañe siempre y la llevemos a los demás. Amén
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