Todos los años al llegar el
tiempo de preparación para la Navidad, comenzamos a elaborar, los diversos
adornos navideños, entre ellos nuestro pesebre.
El
pesebre, que algunos llaman nacimiento o belén,
fue ideado por el Seráfico San Francisco de Asís, quien, en la Navidad de 1233,
tres años antes de su muerte, hizo una representación en vivo del nacimiento del Hijo de Dios, para
celebrar con una solemnidad única y extraordinaria.
La
propuesta de esta novena navideña es armar el nacimiento durante los nueve días antes de Navidad,
meditando así cada una de las figuras principales que aparecen en él y
preparando nuestro corazón al nacimiento del Niño Jesús, quien una vez más nos
invita a hacernos hermanos en su amor.
día 16: LA VIRGEN MARÍA
Hoy estamos aquí para
prepararnos juntos al nacimiento del Señor. Queremos orar con Él, escuchar su
Palabra y meditarla; dejar que sea Él quien nos transforme así como lo ha hecho
con todos los que le escuchan. Así que dispongámonos a participar en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Canto
Presentación del personaje del día:
Hoy vamos a meditar la figura de María. Ella fue la
primera en recibir la noticia del nacimiento del Salvador; fue la primera en
acoger la palabra en su corazón e interrumpir sus planes por aceptar a Jesús.
(Mientras se coloca la figura en el pesebre se puede
cantar)
Lectura Bíblica. (Lc 1, 26-38):
Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a
una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba
comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David.
La virgen se llamaba María.
Llegó
el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo». María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué
significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has
encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al
que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del
Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por
siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás».
María
entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contestó el
ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de
Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque
no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para
Dios, nada es imposible». Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en
mí tal como has dicho». Después la dejó el ángel.
Palabra
del Señor.
Meditación:
En esta lectura se nos presenta a María como aquella
que está a la escucha de la palabra, es interpelada por ella y recibe la misión
de ser la madre de Dios. Ella, sin embargo, presenta sus dudas al ángel y
recibe la prueba de la maternidad de Isabel que demuestra que para Dios nada es
imposible.
¿Medito yo diariamente la palabra de Dios? ¿Voy
descubriendo la voluntad de Dios para mi vida? ¿Cuáles son las preguntas que me
surgen de la escucha de su voluntad? ¿Es mi respuesta un sí abierto a recibir a
Jesús en mi vida?
Cada uno puede hacer una intención y se puede
rezar juntos la siguiente oración.
Oración final:
Te damos gracias, Padre, porque en María nos has
mostrado la grandeza de tu amor. Te pedimos que germine en nosotros la pureza
de corazón, y así seamos libres para hacer tu voluntad. Abre nuestros oídos
para que escuchemos tu Palabra, y que en nuestros labios esté siempre el sí a
punto. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Despedida.
El Dios de la
Vida, que hizo fecunda la virginidad de María, nos bendiga en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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