¡SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
¡No nos dejemos robar la fuerza de la misión!
Para cada día
CANTO
Invitación
a la alabanza
Guía: En el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén
Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas
son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El
bendiga y exalte toda criatura.
Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre. Amén
Invocación al Espíritu:
1L.- Ven
a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados
de
conversión.
Estribillo
2L.- Tú
has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los
mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros
discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de
la historia.
Estribillo
Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre
Kolbe,
la fuerza
del Evangelio de la cruz,
releído
con los ojos de los pobres y de los humildes,
anunciado
hasta los confines de la tierra.
Amén.
Estribillo
Sexto día
¡No nos dejemos robar la fuerza de la misión!
Del Papa Francisco:
Donde hay
vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los otros, surgen vocaciones genuinas.
Los jóvenes
nos llaman a despertar y crecer en la esperanza, porque llevan en sí las nuevas
tendencias de la humanidad y se abren al futuro, de modo de no quedarnos aun en
la nostalgia de estructuras y hábitos que no son más portadores de vida en el
mundo actual.
El desafío
existe para ser superado. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la
audacia y la decisión llena de esperanza! (cfr E.G. 107-108-109)
G.- ¡Afortunados y felices son aquellos que habitan en la
casa del Señor!, pero la felicidad de ellos, dice el salmista, vale también
para los peregrinos que vienen de lejos. Con el salmo 83 expresamos la alegría y el abandono en Dios:
¡Qué amable es tu Morada,
Señor del universo!
Mi alma
se consume de deseos
por los
atrios del Señor;
mi
corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.
¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,
al emprender la peregrinación!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente
hasta contemplar a Dios en Sión.
Señor del universo, oye mi plegaria,
escucha, Dios
de Jacob.
Porque el Señor es sol y escudo;
el Señor da la gracia y la gloria
y no niega sus bienes
a los que proceden con rectitud.
¡Señor de del universo,
feliz el hombre que confía en ti!
De los escritos de san Maximiliano:
¡Queridos
hijos! sé que tienen nostalgia del ambiente habitual del convento, pero
confortémonos con la esperanza de que las actuales circunstancias de emergencia
no durarán siempre y llegará la hora en que la paz se impondrá de nuevo y cada
uno regresará a su trabajo anterior por la causa de la Inmaculada en las almas.
Por otra parte, esta misión sigue también ahora, aunque bajo otra forma y otras
circunstancias.
¡Cuántas
almas darán gracias a la Inmaculada (y… a ustedes) por toda la eternidad,
porque justo con motivo de la presente dispersión habrán tenido la posibilidad
de encontrarse con ustedes y de acercarse a la Inmaculada, Madre de las almas!
Oremos,
pues, soportemos las pequeñas cruces, amemos mucho a las almas de todos los que
nos rodean, sin ninguna excepción, tanto amigos como enemigos, y tengamos
confianza; hagamos todo esto con el único fin de que Ella llegue a ser cuanto
antes y sobre toda la tierra, la Reina de todos y de cada uno en particular. (SK 892)
Momento de silencio reflexivo
San Maximiliano, viajero
del amor a manos abiertas.
¿De dónde obtengo la fuerza de llevar a Jesús a cada rincón de la tierra?
Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano
María,
valiente testimonio
de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia
amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de
nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.
Tú que has
amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado
contra el mal
con las armas
del amor y de la oración,
tú que no has
vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al
Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a
encarnar la presencia de María
en nuestra
cotidianidad.
Enséñanos a gastar
nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano,
reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a
donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre,
para vivir la
vida buena del Evangelio de Jesús.
Haz que el
recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de
imitarte y de ofrecer la vida por los demás.
Ruega por
nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos
asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras
familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero.
Amén.

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