sábado, 9 de agosto de 2014

10 DE AGOSTO - SEXTO DÍA DE LA NOVENA A SAN MAXIMILIANO KOLBE

¡SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
¡No nos dejemos robar la fuerza de la misión!


Para cada día
CANTO

Invitación a la alabanza

Guía:    En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén

Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El bendiga y exalte toda criatura.

Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén

Invocación al Espíritu:
1L.-       Ven a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados de 
conversión.

Estribillo

2L.-       Tú has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de la historia.

Estribillo

Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre Kolbe,
   la fuerza del Evangelio de la cruz,
   releído con los ojos de los pobres y de los humildes,
   anunciado hasta los confines de la tierra.
   Amén.

Estribillo

Sexto día

              ¡No nos dejemos robar la fuerza de la misión!

Del Papa Francisco:
Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los otros, surgen vocaciones genuinas.
Los jóvenes nos llaman a despertar y crecer en la esperanza, porque llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y se abren al futuro, de modo de no quedarnos aun en la nostalgia de estructuras y hábitos que no son más portadores de vida en el mundo actual.
El desafío existe para ser superado. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la decisión llena de esperanza! (cfr E.G. 107-108-109)
   
G.- ¡Afortunados y felices son aquellos que habitan en la casa del Señor!, pero la felicidad de ellos, dice el salmista, vale también para los peregrinos que vienen de lejos. Con el salmo 83 expresamos la alegría y el abandono en Dios: 

¡Qué amable es tu Morada,
Señor del universo!

Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti,
al emprender la peregrinación!

Ellos avanzan con vigor siempre creciente
hasta contemplar a Dios en Sión.
Señor del universo, oye mi plegaria,
escucha, Dios de Jacob.
  
Porque el Señor es sol y escudo;
el Señor da la gracia y la gloria
y no niega sus bienes
a los que proceden con rectitud.

¡Señor de del universo,
feliz el hombre que confía en ti!

De los escritos de san Maximiliano:
¡Queridos hijos! sé que tienen nostalgia del ambiente habitual del convento, pero confortémonos con la esperanza de que las actuales circunstancias de emergencia no durarán siempre y llegará la hora en que la paz se impondrá de nuevo y cada uno regresará a su trabajo anterior por la causa de la Inmaculada en las almas. Por otra parte, esta misión sigue también ahora, aunque bajo otra forma y otras circunstancias.
¡Cuántas almas darán gracias a la Inmaculada (y… a ustedes) por toda la eternidad, porque justo con motivo de la presente dispersión habrán tenido la posibilidad de encontrarse con ustedes y de acercarse a la Inmaculada, Madre de las almas!
Oremos, pues, soportemos las pequeñas cruces, amemos mucho a las almas de todos los que nos rodean, sin ninguna excepción, tanto amigos como enemigos, y tengamos confianza; hagamos todo esto con el único fin de que Ella llegue a ser cuanto antes y sobre toda la tierra, la Reina de todos y de cada uno en particular. (SK 892)

 Momento de silencio reflexivo
San Maximiliano, viajero del amor a manos abiertas.

¿De dónde obtengo la fuerza de llevar a Jesús a cada rincón de la tierra?

Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano María,
valiente testimonio de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.

Tú que has amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado contra el mal
con las armas del amor y de la oración,
tú que no has vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a encarnar la presencia de María
en nuestra cotidianidad.

Enséñanos a gastar nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano, reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre, 
para vivir la vida buena del Evangelio de Jesús.

Haz que el recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de imitarte y de ofrecer la vida por los demás.

Ruega por nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero. Amén.

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