¡SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
Para cada día
CANTO
Invitación
a la alabanza
Guía: En el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén
Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas
son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El
bendiga y exalte toda criatura.
Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre. Amén
Invocación al Espíritu:
1L.- Ven
a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados
de
conversión.
Estribillo
2L.- Tú
has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los
mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros
discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de
la historia.
Estribillo
Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre
Kolbe,
la fuerza
del Evangelio de la cruz,
releído
con los ojos de los pobres y de los humildes,
anunciado
hasta los confines de la tierra.
Amén.
Estribillo
Quinto día
¡No nos dejemos
robar la esperanza!
Del Papa Francisco:
Es cierto que
en algunos lugares se produjo una «desertificación» espiritual, fruto del
proyecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces
cristianas.
En el desierto
se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el
mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido
último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el
desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida,
indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la
esperanza». En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para
dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz,
pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó
como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza!(E.G. 86)
G.- En el viaje de la vida, a veces inseguro por nuestra
debilidad e inconstancia, las palabras del salmo 22 infunden coraje y seguridad. El Señor nos
viene al encuentro para restaurarnos y guiarnos para sentirnos justos:
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
De los escritos de san Maximiliano:
La Inmaculada nos conduce con mano potente y cariñosa,
entre espinas, a lo largo de senderos impracticables, entre abismos y ciclones.
El demonio, por su parte, se esfuerza por hacernos daño de todas las formas
posibles.
Nosotros, sin embargo, tratamos de estrecharnos cada
vez más en torno a Ella y así vamos adelante, o, mejor dicho, volamos a gran
velocidad. Gloria a Ella por todo. (SK 497)
Momento de silencio
reflexivo
San Maximiliano, tu encendías en ti y en los demás la esperanza.
-
¿Cómo crece en mi la esperanza y cómo la enciendo en quienes
encuentro?
Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano
María,
valiente testimonio
de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia
amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de
nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.
Tú que has
amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado
contra el mal
con las armas
del amor y de la oración,
tú que no has
vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al
Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a
encarnar la presencia de María
en nuestra
cotidianidad.
Enséñanos a gastar
nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano,
reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a
donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre,
para vivir la
vida buena del Evangelio de Jesús.
Haz que el
recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de
imitarte y de ofrecer la vida por los demás.
Ruega por
nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos
asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras
familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero.
Amén.

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