¡SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
¡No nos dejemos robar la comunidad!
¡No nos dejemos robar la comunidad!
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén
Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El bendiga y exalte toda criatura.
Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén
Invocación al Espíritu:
1L.- Ven a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados de
conversión.
Estribillo
2L.- Tú has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de la historia.
Estribillo
Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre Kolbe,
la fuerza del Evangelio de la cruz,
releído con los ojos de los pobres y de los humildes,
anunciado hasta los confines de la tierra.
Amén.
Cuarto día
¡No nos dejemos
robar la comunidad!
Del Papa Francisco:
«…la vida se
alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es
en definitiva la misión».
Recobremos y
acrecentemos el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar,
incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual –que
busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena
Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o
ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor
de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo». (E.G. 10)
G.- Un himno de alabanza se eleva a Dios con el salmo 68 y una invitación a reconocer y
ensalzar su potencia. Es Él quien da vigor a su pueblo:
Pero los justos se
regocijan,
gritan de gozo delante del Señor
y se llenan de alegría.
gritan de gozo delante del Señor
y se llenan de alegría.
Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
¡Bendigan al Señor en
medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
¡Reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
El Dios de Israel concede a su pueblo
el poder y la fuerza.
¡Bendito sea Dios!
el poder y la fuerza.
¡Bendito sea Dios!
De los escritos de san Maximiliano:
El amor mutuo
no consiste en el hecho de que nadie nos procure nunca disgustos, sino en que
nos esforcemos en no procurar disgustos a los demás y nos acostumbremos a
perdonar enseguida y totalmente todas las ofensas. En esta capacidad de
soportarnos unos a otros consiste la esencia del amor mutuo. Escribe Santa
Teresa: “Tú (Jesús) quieres amar a través
de mi a todos aquellos que me mandaste amar”. Cuanto más profundo sea tal
amor, tanto más eficaz será la actividad misionera. (SK 925)
Momento de silencio reflexivo
San Maximiliano, humilde y simple
hermano de todos.
-
¿Cómo nos tomamos cuidado
de los demás, cómo nos animamos mutuamente y cómo nos acompañamos?
Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano
María,
valiente testimonio
de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia
amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de
nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.
Tú que has
amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado
contra el mal
con las armas
del amor y de la oración,
tú que no has
vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al
Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a
encarnar la presencia de María
en nuestra
cotidianidad.
Enséñanos a gastar
nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano,
reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a
donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre,
para vivir la
vida buena del Evangelio de Jesús.
Haz que el
recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de
imitarte y de ofrecer la vida por los demás.
Ruega por
nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos
asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras
familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero.
Amén.

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