sábado, 9 de agosto de 2014

11 DE AGOSTO - SÉPTIMO DÍA DE LA NOVENA A SAN MAXIMILIANO KOLBE

¡SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!



Para cada día
CANTO

Invitación a la alabanza

Guía:    En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén

Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El bendiga y exalte toda criatura.

Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre. Amén

Invocación al Espíritu:
1L.-       Ven a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados de 
conversión.

Estribillo

2L.-       Tú has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de la historia.

Estribillo

Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre Kolbe,
   la fuerza del Evangelio de la cruz,
   releído con los ojos de los pobres y de los humildes,
   anunciado hasta los confines de la tierra.
   Amén.

Estribillo

Séptimo día

¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!

Del Papa Francisco:
La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña. (E.G. 84)
Llamados a iluminar y a comunicar vida, finalmente se dejan cautivar por cosas que sólo generan oscuridad y cansancio interior, y que apolillan el dinamismo apostólico. (E.G. 83)

G. La riqueza de los dones y la magnificencia de las vestiduras de la esposa, de la que nos habla el salmo 44, nos indican los dones de la gracia y de la vida interior con que el esposo la ha adornado y la variedad de los pueblos que ella lleva en sí misma y su fecunda maternidad espiritual. Con el salmista alabemos el nombre del rey con todos los pueblos de la tierra:

Una hija de reyes está de pie a tu derecha:
es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.

El es tu señor: inclínate ante él;
la ciudad de Tiro vendrá con regalos
y los grandes del pueblo buscarán tu favor.
Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.

Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían,
con gozo y alegría entran al palacio real.

Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.
Yo haré célebre tu nombre por todas las generaciones;
por eso, los pueblos te alabarán eternamente.


De los escritos de san Maximiliano:
Pues bien, ustedes saben cuántas personas en el mundo no conocen aún a Dios, no conocen a la Inmaculada y, por consiguiente, a veces se preguntan hasta el porqué de su existencia. Estos no poseen la felicidad, sobre todo en las dificultades de la vida y en los sufrimientos. No saben que el fin del hombre es Dios y que toda realidad de este mundo es sólo un medio para llegar a Dios en la eternidad, en el paraíso. No saben que la Mediadora de todas las gracias, la madre espiritual de todos los hombres es María Inmaculada; no saben que recurriendo a Ella, amándola, se acercan a Dios de la manera más fácil y más rápida. (EK 758)

Momento de silencio reflexivo

San Maximiliano, misionero alegre del Evangelio por los caminos del mundo.
-       ¿Cuál es la fuente de la verdadera alegría en mi vida?

Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano María,
valiente testimonio de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.

Tú que has amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado contra el mal
con las armas del amor y de la oración,
tú que no has vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a encarnar la presencia de María
en nuestra cotidianidad.

Enséñanos a gastar nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano, reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre, 
para vivir la vida buena del Evangelio de Jesús.

Haz que el recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de imitarte y de ofrecer la vida por los demás.

Ruega por nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero. Amén.


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