SAN MAXIMILIANO, UN HOMBRE LIBRE!
¿No estoy yo
aquí, que soy tu Madre?
(palabras de la Virgen a Juan
Diego)
Para cada día
CANTO
Invitación
a la alabanza
Guía: En el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asamblea: Amén
Guía: Bendito sea el Señor Dios, Trinidad de amor: luminosas
son sus obras, misericordiosos sus caminos. A Él dé gloria toda criatura. El
bendiga y exalte toda criatura.
Asamblea: Tuya es la gloria, el honor y la adoración Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre. Amén
Invocación al Espíritu:
1L.- Ven
a nosotros, Espíritu de Cristo,
Ven a juzgarnos, frágiles discípulos,
Desviados de miles tentaciones, siempre necesitados
de
conversión.
Estribillo
2L.- Tú
has iluminado a los hombres de fe
de todos los pueblos y de todo tiempo;
has inspirado a los profetas y sostenido a los
mártires;
has guiado a Jesús de Nazaret y a sus primeros
discípulos;
has sostenido y sostienes la Iglesia
en su dificultoso navegar en las tempestades de
la historia.
Estribillo
Asamblea.-Haznos comprender, sobre las huellas del padre
Kolbe,
la fuerza
del Evangelio de la cruz,
releído
con los ojos de los pobres y de los humildes,
anunciado
hasta los confines de la tierra.
Amén.
Estribillo
Octavo día
No estoy yo
aquí, que soy tu Madre?
(palabras de la Virgen a Juan
Diego)
Del Papa Francisco:
Cada vez
que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del
cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los
débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse
importantes.
Ella es
la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo
los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella
camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía
del amor de Dios. (E.G.
288. 286)
G. Con María avanzamos confiados y le decimos:
Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.
Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.
Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.
Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.
De los escritos de san Maximiliano:
Espero que con la ayuda de la Inmaculada, consigas
llevar a cabo lo que habías iniciado y perseverar en tu puesto hasta la muerte
gloriosa. La verdad que no sería digno de un caballero desertar por ningún
motivo. La vida es breve, estos pocos años que vivimos sobre esta tierra pasan
muy deprisa: ¿Cómo se les podría privar de la entrega que de ellos hicimos a la
Inmaculada? Se muy bien que a veces la vida en la tierra de misión es dura; sin
embargo, intenta imaginar lo dulce que será el momento de la muerte para aquel
que, en aquel instante supremo, pueda decir que ha ofrecido mucho, muchísimo en
sacrificio a la Inmaculada. Reza en las dificultades, reza mucho y obtendrás la
preciosa gracia de la perseverancia. La Inmaculada te bendiga. (EK 813)
Momento de silencio reflexivo
San Maximiliano, María te ha
hecho similar a Ella misma, te ha nutrido con la leche de su gracia.
Ayúdanos a
dejarnos guiar solamente por Ella, a dejarnos plasmar siempre más libremente
por Ella.
Oración final a san Maximiliano
San Maximiliano
María,
valiente testimonio
de amor en los tramos oscuros de la historia,
presencia
amorosa de Dios en los campos de la muerte,
patrono de
nuestros difíciles tiempos: escucha nuestra oración.
Tú que has
amado la Virgen Inmaculada sin límites,
tú que has luchado
contra el mal
con las armas
del amor y de la oración,
tú que no has
vacilado para entregarte a la muerte
para conducir al
Cielo a los pobres condenados,
ayúdanos a
encarnar la presencia de María
en nuestra
cotidianidad.
Enséñanos a gastar
nuestra vida para que el hombre,
nuestro hermano,
reencuentre la dignidad y la grandeza.
Ayúdanos a
donar a los hermanos el amor a María, nuestra Madre,
para vivir la
vida buena del Evangelio de Jesús.
Haz que el
recuerdo de tu sacrificio despierte en nosotros
el deseo de
imitarte y de ofrecer la vida por los demás.
Ruega por
nosotros a la Virgen Inmaculada,
para que nos
asemejemos a Ella y la hagamos presente
en nuestras
familias, en nuestras comunidades
y en el mundo entero.
Amén.

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